
Refúgiun Peccatórum
Rafael Ángel Marañón
He, madre, de soportar
Las embestidas del sino
Que acompaña mi camino
Sin dejarme respirar.
No puedo, ya más andar;
Levanto hacia ti mis ojos,
En medio de los abrojos
De mi triste transitar.
Y miro tu ejemplo fuerte,
Que venció sin entregarse
En las garras de la muerte.
Vivo en confianza inerte,
Del que sabe doblegarse,
Y que tu amor me liberte.
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