jueves, 31 de enero de 2019

Santo Evangelio 31 de enero 2019



Día litúrgico: Jueves III del tiempo ordinario

Santoral 31 de Enero: San Juan Bosco, presbítero

Texto del Evangelio (Mc 4,21-25): 

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga». 

Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará».


«¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho?»

Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch 
(Salt, Girona, España)

Hoy, Jesús nos explica el secreto del Reino. Incluso utiliza una cierta ironía para mostrarnos que la “energía” interna que tiene la Palabra de Dios —la propia de Él—, la fuerza expansiva que debe extenderse por todo el mundo, es como una luz, y que esta luz no puede ponerse «debajo del celemín o debajo del lecho» (Mc 4,21).

¿Acaso podemos imaginarnos la estupidez humana que sería colocar la vela encendida debajo de la cama? ¡Cristianos con la luz apagada o con la luz encendida con la prohibición de iluminar! Esto sucede cuando no ponemos al servicio de la fe la plenitud de nuestros conocimientos y de nuestro amor. ¡Cuán antinatural resulta el repliegue egoísta sobre nosotros mismos, reduciendo nuestra vida al marco de nuestros intereses personales! ¡Vivir bajo la cama! Ridícula y trágicamente inmóviles: “ausentes” del espíritu.

El Evangelio —todo lo contrario— es un santo arrebato de Amor apasionado que quiere comunicarse, que necesita “decirse”, que lleva en sí una exigencia de crecimiento personal, de madurez interior, y de servicio a los otros. «Si dices: ¡Basta!, estás muerto», dice san Agustín. Y san Josemaría: «Señor: que tenga peso y medida en todo..., menos en el Amor».

«‘Quien tenga oídos para oír, que oiga’. Les decía también: ‘Atended a lo que escucháis’» (Mc 4,23-24). Pero, ¿qué quiere decir escuchar?; ¿qué hemos de escuchar? Es la gran pregunta que nos hemos de hacer. Es el acto de sinceridad hacia Dios que nos exige saber realmente qué queremos hacer. Y para saberlo hay que escuchar: es necesario estar atento a las insinuaciones de Dios. Hay que introducirse en el diálogo con Él. Y la conversación pone fin a las “matemáticas de la medida”: «Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Mc 4,24-25). Los intereses acumulados de Dios nuestro Señor son imprevisibles y extraordinarios. Ésta es una manera de excitar nuestra generosidad.

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Escucha María



Escucha María

Rafael Ángel Marañón


Atiende a mi clamor santa María 
Pues alzo mi mirada en la mañana 
Y espero al alfeizar de mi ventana 
Que el santo Espíritu me traiga un nuevo día. 

Recoge mi miseria bajo el manto 
Piadoso de tu franca simpatía;
Devuélveme la paz y la alegría 
Y entone junto a ti risueño canto. 

Contigo Santa madre esté confiado 
Y calme tu presencia mi congoja 
Librándome de angustia, cruz y enfado. 

Abre mi corazón seco y malvado, 
Y el viento suave de tu amor recoja 
Mi alma doliente hacia tu bien sagrado. 


LECTURA BREVE Rm 12, 1-2


LECTURA BREVE   Rm 12, 1-2

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.

miércoles, 30 de enero de 2019

Santo Evangelio 30 de Enero 2019



Día litúrgico: Miércoles III del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 4,1-20):

 En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga».

Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone». 

Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento».


«El sembrador siembra la Palabra»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy escuchamos de labios del Señor la “Parábola del sembrador”. La escena es totalmente actual. El Señor no deja de “sembrar”. También en nuestros días es una multitud la que escucha a Jesús por boca de su Vicario —el Papa—, de sus ministros y... de sus fieles laicos: a todos los bautizados Cristo nos ha otorgado una participación en su misión sacerdotal. Hay “hambre” de Jesús. Nunca como ahora la Iglesia había sido tan católica, ya que bajo sus “alas” cobija hombres y mujeres de los cinco continentes y de todas las razas. Él nos envió al mundo entero (cf. Mc 16,15) y, a pesar de las sombras del panorama, se ha hecho realidad el mandato apostólico de Jesucristo.

El mar, la barca y las playas son substituidos por estadios, pantallas y modernos medios de comunicación y de transporte. Pero Jesús es hoy el mismo de ayer. Tampoco ha cambiado el hombre y su necesidad de enseñanza para poder amar. También hoy hay quien —por gracia y gratuita elección divina: ¡es un misterio!— recibe y entiende más directamente la Palabra. Como también hay muchas almas que necesitan una explicación más descriptiva y más pausada de la Revelación.

En todo caso, a unos y otros, Dios nos pide frutos de santidad. El Espíritu Santo nos ayuda a ello, pero no prescinde de nuestra colaboración. En primer lugar, es necesaria la diligencia. Si uno responde a medias, es decir, si se mantiene en la “frontera” del camino sin entrar plenamente en él, será víctima fácil de Satanás.

Segundo, la constancia en la oración —el diálogo—, para profundizar en el conocimiento y amor a Jesucristo: «¿Santo sin oración...? —No creo en esa santidad» (San Josemaría).

Finalmente, el espíritu de pobreza y desprendimiento evitará que nos “ahoguemos” por el camino. Las cosas claras: «Nadie puede servir a dos señores...» (Mt 6,24).

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Escucha, casa de David



Escucha, casa de David

Rufino Maria Grández


Escucha, Casa de David: 
La Virgen pura se halla encinta; 
Dios la acaricia y la fecunda 
y la hace Madre de la vida. 


La Virgen grávida nos lleva 
en el secreto de su dicha; 
la Virgen fiel nos abre ruta 
con su obediencia de discípula. 


Espera en calma la agraciada, 
con ella el mundo se arrodilla; 
levanta el pobre la mirada, 
con ella pide la venida. 


Nacido en tiempos sin aurora, 
el Hijo espera con María. 
iOh Dios de amor, nuestra esperanza, 
cambia la espera en parusía! 


A ti, Jesús, Hijo esperado, 
aparecido en nuestros días, 
con santo júbilo cantamos! 
iVen en tu reino, ven de prisa! 

LECTURA BREVE Jb 1, 21; 2, 10b


LECTURA BREVE   Jb 1, 21; 2, 10b

Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

martes, 29 de enero de 2019

Santo Evangelio 29 de Enero 2019



Día litúrgico: Martes III del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,31-35): 

En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».


«Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre»

Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera 
(Ripollet, Barcelona, España)

Hoy contemplamos a Jesús —en una escena muy concreta y, a la vez, comprometedora— rodeado por una multitud de gente del pueblo. Los familiares más próximos de Jesús han llegado desde Nazaret a Cafarnaum. Pero en vista de la cantidad de gente, permanecen fuera y lo mandan llamar. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan» (Mc 3,31).

En la respuesta de Jesús, como veremos, no hay ningún motivo de rechazo hacia sus familiares. Jesús se había alejado de ellos para seguir la llamada divina y muestra ahora que también internamente ha renunciado a ellos: no por frialdad de sentimientos o por menosprecio de los vínculos familiares, sino porque pertenece completamente a Dios Padre. Jesucristo ha realizado personalmente en Él mismo aquello que justamente pide a sus discípulos.

En lugar de su familia de la tierra, Jesús ha escogido una familia espiritual. Echa una mirada sobre los hombres sentados a su alrededor y les dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,34-35). San Marcos, en otros lugares de su Evangelio, refiere otras de esas miradas de Jesús a su alrededor.

¿Es que Jesús nos quiere decir que sólo son sus parientes los que escuchan con atención su palabra? ¡No! No son sus parientes aquellos que escuchan su palabra, sino aquellos que escuchan y cumplen la voluntad de Dios: éstos son su hermano, su hermana, su madre.

Lo que Jesús hace es una exhortación a aquellos que se encuentran allí sentados —y a todos— a entrar en comunión con Él mediante el cumplimiento de la voluntad divina. Pero, a la vez, vemos en sus palabras una alabanza a su madre, María, la siempre bienaventurada por haber creído.

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LECTURA BREVE 1Jn 4, 14-15


LECTURA BREVE   1Jn 4, 14-15

Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios.

Esclava y Reina



Esclava y Reina

Hna. Teresa del Carmen Rodríguez Perez


Para ser la reina del cielo
tuviste primero que ser esclava,
servidora en esta tierra,
Madre del hijo de la alianza.

“El que quiera ser el primero que se haga el último”
dijo Jesús en su Palabra
y en todo fuiste siempre la última
menos en el amor, la fe y la esperanza.

Hoy recibes la corona merecida
de tanta entrega, amor y constancia.
En el cielo te ensalzan como Reina
pero esta tierra mal agradecida
te miró con simpleza e ignorancia
cuando tu vientre se abrió a la Vida, 
y tus días pasaron como una ofrenda
oculta, sencilla y en esperanza
y del Hijo de tus entrañas decían:
“Este sólo es el Hijo de María”

Hoy mi corazón vuelve a entregarse 
como tu sierva indigna y tu esclava; 
sé que Jesús dijo en su evangelio:
“Ya no los llamo siervos si no amigos”
Y es maravillosa esta Palabra;
más debo entregarme a Ti como sierva
pues hay cosas Señora en esta vida
a las que hay que inclinar la cabeza
y obedecer en silencio y con lágrimas.

Olvidándome de mí misma y de mis gustos
quiero someterme a Ti y obedecerte
por ese mismo amor Madre que me tienes

Deseo seguir tus pasos Bella Dama
Buena Señora, Celestial Madre, Humilde Esclava
y ensayándome en tu escuela y bajo tu mirada
sólo aspiro la corona pequeñísima: 
ser una chispa de la punta de una estrella 
de las doce que engalanan tu cabeza
y tu dulce rostro que enamora mi alma.

lunes, 28 de enero de 2019

Santo Evangelio 28 de Enero 2019



Día litúrgico: Lunes III del tiempo ordinario

Santoral 28 de Enero: Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Mc 3,22-30): 

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo».


«El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca»

Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez 
(Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy, al leer el Evangelio del día, uno no sale de su asombro —“alucina”, como se dice en el lenguaje de la calle—. «Los escribas que habían bajado de Jerusalén» ven la compasión de Jesús por las gentes y su poder que obra en favor de los oprimidos, y —a pesar de todo— le dicen que «está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios» (Mc 3,22). Realmente uno queda sorprendido de hasta dónde pueden llegar la ceguera y la malicia humanas, en este caso de unos letrados. Tienen delante la Bondad en persona, Jesús, el humilde de corazón, el único Inocente y no se enteran. Se supone que ellos son los entendidos, los que conocen las cosas de Dios para ayudar al pueblo, y resulta que no sólo no lo reconocen sino que lo acusan de diabólico.

Con este panorama es como para darse media vuelta y decir: «¡Ahí os quedáis!». Pero el Señor sufre con paciencia ese juicio temerario sobre su persona. Como ha afirmado San Juan Pablo II, Él «es un testimonio insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre». Su condescendencia sin límites le lleva, incluso, a tratar de remover sus corazones argumentándoles con parábolas y consideraciones razonables. Aunque, al final, advierte con su autoridad divina que esa cerrazón de corazón, que es rebeldía ante el Espíritu Santo, quedará sin perdón (cf. Mc 3,29). Y no porque Dios no quiera perdonar, sino porque para ser perdonado, primero, uno ha de reconocer su pecado.

Como anunció el Maestro, es larga la lista de discípulos que también han sufrido la incomprensión cuando obraban con toda la buena intención. Pensemos, por ejemplo, en santa Teresa de Jesús cuando intentaba llevar a más perfección a sus hermanas.

No nos extrañe, por tanto, si en nuestro caminar aparecen esas contradicciones. Serán indicio de que vamos por buen camino. Recemos por esas personas y pidamos al Señor que nos dé aguante.

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Esclava y Madre de Dios




Esclava y Madre de Dios 


Teodoro H. Matín


Espejo del lago más puro, María. 
En él está Dios gozando de su propio rostro. 
El firmamento enjoyado de estrellas 
baja las luces y se arrodilla 
mirando y mirando 
la obra de las obras que Dios ha creado. 
La más bella de sus maravillas. 
La obra maestra 
salida de manos de la Trinidad.

Encarnación y Asunción. 
Camino de honduras, sendero de gloria. 
Cuanto más ahonda la raíz de esclava 
más son los frutos que llegan 
a las fronteras de la Trinidad. 
María, la dignidad más excelsa 
que se ha producido 
fuera del Reino de la Trinidad. 
La Virgen ha dado a Dios Madre, 
a los ángeles reina, y salvador 
a los hombres. 
Por ella Dios tiene Madre. 
Por ella Dios es Hijo del Hombre. 
En ella se anudan el ser creado
y el increado.

¡Oh Dios! La creaste sólo pata ti.
Paraíso aparte. 

Frente al universo otro universo. 
Frente al imperio otro imperio. 

Frente al orden de los astros el orden nuevo 
del corazón. Cielos nuevos y tierra nueva. 

Tú la preparaste, la santificas 
para ser Madre del Hijo-Dios. 

Desprendida de toda mundanería
vuela María hasta el borde de la Divinidad.

Bienaventurada en tu pobreza,
revestida por eso de tanta grandeza.

¡Oh Dios!
Tuyo es el Hijo, eternamente nacido.
Completamente tuyo.

Y suyo de ella totalmente
por nuevo nacimiento.

¿Un lazo de unión Padre-Hijo en el cielo,
el Espíritu.

Lazo también el Espíritu
entre el Padre y la Madre.

Los tres nos dieron a todos
el Hijo en la tierra.

¡Esclava y Madre de Dios!
Bajas muy bajo, subes muy alto,
Criatura del Creador y Señora de la creación.

Llévanos con los Tres cuando el carro de Elías
nos venga a buscar.

Porque tú eres más que la gracia y la gloria,
más que el orden supremo y las jerarquías.

Compartimos con el Verbo nuestra naturaleza,
que tiene en él subsistencia, persona divina.

Unión la más honda, la más ata, la más ancha.

Unión hipostática, dicen, que nos diviniza.

Como dijo el profeta y Cristo recuerda:
“Sois dioses”.
¡Gracias a Ti, Esclava y Madre de Dios!

LECTURA BREVE Sb 7, 13-14


LECTURA BREVE   Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

domingo, 27 de enero de 2019

Santo Evangelio 27 de Enero 2019



Día litúrgico: Domingo III (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 1,1-4;4,14-21): 

Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy».


«Para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido»

Rev. D. Bernat GIMENO i Capín 
(Barcelona, España)

Hoy comenzamos a escuchar la voz de Jesús a través del evangelista que nos acompañará durante todo el tiempo ordinario propio del ciclo “C”: san Lucas. Que «conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1,4), escribe Lucas a su amigo Teófilo. Si ésta es la finalidad del escrito, hemos de tomar conciencia de la importancia que tiene el hecho de meditar el Evangelio del Señor —palabra viva y, por tanto, siempre nueva— cada día.

Como Palabra de Dios, Jesús hoy nos es presentado como un Maestro, ya que «iba enseñando en sus sinagogas» (Lc 4,15). Comienza como cualquier otro predicador: leyendo un texto de la Escritura, que precisamente ahora se cumple... La palabra del profeta Isaías se está cumpliendo; más aun: toda la palabra, todo el contenido de las Escrituras, todo lo que habían anunciado los profetas se concreta y llega a su cumplimiento en Jesús. No es indiferente creer o no en Jesús, porque es el mismo “Espíritu del Señor” quien lo ha ungido y enviado.

El mensaje que quiere transmitir Dios a la humanidad mediante su Palabra es una buena noticia para los desvalidos, un anuncio de libertad para los cautivos y los oprimidos, una promesa de salvación. Un mensaje que llena de esperanza a toda la humanidad. Nosotros, hijos de Dios en Cristo por el sacramento del bautismo, también hemos recibido esta unción y participamos en su misión: llevar este mensaje de esperanza por toda la humanidad.

Meditando el Evangelio que da solidez a nuestra fe, vemos que Jesús predicaba de manera distinta a los otros maestros: predicaba como quien tiene autoridad (cf. Lc 4,32). Esto es así porque principalmente predicaba con obras, con el ejemplo, dando testimonio, incluso entregando su propia vida. Igual hemos de hacer nosotros, no nos podemos quedar sólo en las palabras: hemos de concretar nuestro amor a Dios y a los hermanos con obras. Nos pueden ayudar las Obras de Misericordia —siete espirituales y siete corporales— que nos propone la Iglesia, que como una madre orienta nuestro camino.

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Amigo de Dios



 “AMIGO DE DIOS”

Por Francisco Colomina Campos

En este tercer domingo del Tiempo Ordinario, tras celebrar el Bautismo del Señor hace dos domingos y escuchar el domingo pasado el relato del primer milagro de Jesús en la boda que se celebraba en Caná de Galilea, comenzamos hoy la lectura continua a lo largo de los domingos de este año del Evangelio escrito por san Lucas. Las lecturas de hoy nos hablan de la centralidad de la palabra de Dios pues, como rezamos en el salmo de hoy, sus palabras son espíritu y vida.

1. El comienzo del Evangelio de Lucas. El pasaje evangélico de este domingo recoge en primer lugar el inicio del Evangelio según san Lucas. El Evangelista dirige su escrito a un tal Teófilo. Probablemente el autor del Evangelio no se dirige a una persona concreta llamada Teófilo sino que, con este nombre simbólico, que significa literalmente “amigo de Dios”, Lucas quiere acercar el Evangelio a aquellos cristianos que son amigos de Dios y seguidores de Cristo. Se trata por tanto de un recurso literario para lograr que el lector y el oyente del Evangelio sientan que el Evangelio está dirigido directamente a ellos. Cada uno de nosotros somos, por tanto, este Teófilo, ese amigo de Dios a quien Lucas dirige sus palabras en el Evangelio. El mismo Evangelista explica en el comienzo cuál es el motivo y la finalidad al escribir el Evangelio: “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”. Lucas deja claro que ya otros han emprendido la tarea de recoger lo que hizo y dijo Jesús, tal como los transmitieron los apóstoles y los testigos oculares de Jesús. A éstos les llama “servidores de la palabra”, pues son los que han escuchado y han creído la palabra de Cristo y así la han transmitido. Estas palabras del comienzo del Evangelio de Lucas nos hablan por tanto de la importancia del Evangelio, pues recoge las enseñanzas de Jesús, transmitidas por sus testigos directos, comprobadas diligentemente por el mismo Evangelista, y escritas para que den solidez a nuestra fe. Nosotros creemos en Cristo por el testimonio de quienes le vieron y escucharon, un testimonio recogido cuidadosamente en el Evangelio, que se convierte así en palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo, una palabra que nos fortalece en el seguimiento de Dios y que convoca a toda la Iglesia.

2. “Hoy se cumple esta Escritura”. Después del comienzo del Evangelio, pasamos directamente al pasaje en el que Jesús vuelve a su pueblo después del bautismo y de las tentaciones en el desierto. Jesús, sobre quien descendió el Espíritu Santo en forma de paloma el día de su bautismo, llevado por este mismo Espíritu al desierto para ser tentado, vuelve ahora a Galilea con la fuerza del Espíritu. Va a su pueblo de Nazaret, y allí entra en la sinagoga un sábado. Lee el libro del profeta Isaías, concretamente el pasaje en el que Isaías presenta al Mesías como el ungido por el Espíritu. Y cuando termina de leer el pasaje proclama: “Hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír”. De este modo, Jesús se presenta ante sus paisanos como el Mesías prometido, el ungido de Dios, el Cristo, pues “Cristo” significa “ungido”. En Él se cumplen las promesas hechas por Dios al pueblo de la Antigua Alianza. Él es aquél a quien esperaban los israelitas, el enviado por Dios. Es la Palabra misma de Dios que se ha hecho carne, como celebrábamos en Navidad. Ahora la palabra ya no es simplemente un escrito en unas tablas de piedra o en un simple pergamino. Ahora la Palabra habita entre nosotros, Dios nos habla a través de su Hijo. Del mismo modo que en el Antiguo Testamento el pueblo de Israel reconocía a Dios a través de su palabra, como hemos escuchado en la primera lectura del libre de Nehemías, cuando el pueblo se reunió en la asamblea tras la vuelta del exilio de Babilonia y se postró rostro en tierra al abrir el libro de la Ley, nosotros ahora reconocemos a Dios que se manifiesta en Cristo, su enviado, el ungido, que es el cumplimiento de su palabra.

3. Nosotros, bautizados en un mismo Espíritu, formamos un sólo cuerpo. San Pablo, en la segunda carta a los Corintios que estamos escuchando estos domingos, nos propone la imagen de un cuerpo humano para explicarnos cómo es la Iglesia. Del mismo modo que en el cuerpo humano hay muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser distintos, forman un solo cuerpo, así sucede en la Iglesia: todos nosotros somos iguales en dignidad, y todos somos importantes, como son importantes todos los miembros de un cuerpo humano, a pesar de que cada uno tenemos una función distinta en la Iglesia, como también en un cuerpo humano cada miembro tiene una función distinta. Hemos de vivir por tanto en la comunidad eclesial de este modo, reconociendo cada uno su función propia y la de los demás, procurando vivir cada uno según su vocación, sin suplantar las funciones de los demás como un miembro del cuerpo humano no puede suplantar las funciones de otro miembro. Pero todos vivimos y actuamos de forma unánime, pues todos hemos recibido el mismo bautismo. Por el bautismo, todos nosotros hemos recibido el mismo Espíritu, lo que nos hace a todos hijos de Dios y miembros del pueblo de Dios. No hay por tanto entre nosotros ninguna distinción en cuanto a la dignidad, pues todos somos por igual hijos de Dios. El mismo Espíritu que ungió a Cristo como Hijo de Dios, como el Mesías, nos hace a nosotros miembros del cuerpo de Cristo, cada uno según su función.

La palabra de Dios, que es la que nos convoca en la Iglesia cada domingo para celebrar la Eucaristía, se cumple en Cristo, el enviado por Dios, el Ungido. Por nuestro bautismo, en el que recibimos el Espíritu Santo, también nosotros somos hijos de Dios por medio de Cristo. El bautismo y la palabra de Dios, leída y celebrada hoy como cada domingo en la Eucaristía, nos muevan a reconocernos a nosotros y a los demás como miembros de este cuerpo de Cristo que es la Iglesia, y a llevar a cabo cada uno nuestra función en él.

LECTURA BREVE Ez 37, 12b-14


LECTURA BREVE   Ez 37, 12b-14

Así dice el Señor. «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que yo soy el Señor: os infundiré mi espíritu y viviréis, os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.

sábado, 26 de enero de 2019

Santo Evangelio 26 de Enero 2019



Día litúrgico: Sábado II del tiempo ordinario

Santoral 26 de Enero: Santos Timoteo y Tito, obispos

Texto del Evangelio (Mc 3,20-21): 

En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: «Está fuera de sí».


«Está fuera de sí»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy vemos cómo los propios de la parentela de Jesús se atreven a decir de Él que «está fuera de sí» (Mc 3,21). Una vez más, se cumple el antiguo proverbio de que «un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio» (Mt 13,57). Ni que decir tiene que esta lamentación no “salpica” a María Santísima, porque desde el primero hasta el último momento —cuando ella se encontraba al pie de la Cruz— se mantuvo sólidamente firme en la fe y confianza hacia su Hijo.

Ahora bien, ¿y nosotros? ¡Hagamos examen! ¿Cuántas personas que viven a nuestro lado, que las tenemos a nuestro alcance, son luz para nuestras vidas, y nosotros...? No nos es necesario ir muy lejos: pensemos en el Papa San Juan Pablo II: ¿cuánta gente le siguió, y... al mismo tiempo, cuántos le interpretaban como un “tozudo-anticuado”, celoso de su “poder”? ¿Es posible que Jesús —dos mil años después— todavía siga en la Cruz por nuestra salvación, y que nosotros, desde abajo, continuemos diciéndole «baja y creeremos en ti» (cf. Mc 15,32)?

O a la inversa. Si nos esforzamos por configurarnos con Cristo, nuestra presencia no resultará neutra para quienes interaccionan con nosotros por motivos de parentesco, trabajo, etc. Es más, a algunos les resultará molesta, porque les seremos un reclamo de conciencia. ¡Bien garantizado lo tenemos!: «Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). Mediante sus burlas esconderán su miedo; mediante sus descalificaciones harán una mala defensa de su “poltronería”.

¿Cuántas veces nos tachan a los católicos de ser “exagerados”? Les hemos de responder que no lo somos, porque en cuestiones de amor es imposible exagerar. Pero sí que es verdad que somos “radicales”, porque el amor es así de “totalizante”: «o todo, o nada»; «o el amor mata al yo, o el yo mata al amor».

Es por esto que san Juan Pablo II nos habló de “radicalismo evangélico” y de “no tener miedo”: «En la causa del Reino no hay tiempo para mirar atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza».

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Esa es tu Madre



Esa es tu Madre

Joaquín J. Cervino


¡Una palabra, al fin, por despedida
oyó la Virgen con terrible anhelo:
-Mujer, ése es tu hijo», Y en seguida:
"Ésa es tu Madre, Juan". ¡Oh desconsuelo!
¡Oh triste cambio!, empero, ¡oh bendecida
adopción y gloriosa para el suelo!
Jesús da a Juan su Madre; y para el mundo
Juan la recibe en su dolor profundo.

Bate, raza de Adán, las palmas bate;
da saltos de alegria y de contento;
gozo feliz tu corazón dilate;
cánticos brote de placer tu acento:
No eres huérfana ya; nunca maltrate
tu frente el signo de penar violento:
aunque el reino infernal se agite y ladre,
canta, raza de Adán, ya tienes madre.

LECTURA BREVE Hb 13, 7-9a


LECTURA BREVE   Hb 13, 7-9a

Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.

viernes, 25 de enero de 2019

Santo Evangelio 25 de Enero de 2019



Día litúrgico: 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol

Texto del Evangelio (Mc 16,15-18): 

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».


«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva»

Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera 
(Ripollet, Barcelona, España)

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. El breve fragmento del Evangelio según san Marcos recoge una parte del discurso acerca de la misión que confiere el Señor resucitado. Con la exhortación a predicar por todo el mundo va unida la tesis de que la fe y el bautismo son requisitos necesarios para la salvación: «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará» (Mc 16,16). Además, Cristo garantiza que a los predicadores se les dará la facultad de hacer prodigios o milagros que habrán de apoyar y confirmar su predicación misionera (cf. Mc 16,17-18). La misión es grande —«Id por todo el mundo»—, pero no faltará el acompañamiento del Señor: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

La oración colecta de hoy, propia de la fiesta, nos dice: «Oh Dios, que con la predicación del Apóstol san Pablo llevaste a todos lo pueblos al conocimiento de la verdad, concédenos, al celebrar hoy su conversión, que, siguiendo su ejemplo, caminemos hacia Ti como testigos de tu verdad». Una verdad que Dios nos ha concedido conocer y que tantas y tantas almas desearían poseer: tenemos la responsabilidad de transmitir hasta donde podamos este maravilloso patrimonio.

La Conversión de san Pablo es un gran acontecimiento: él pasa de perseguidor a convertido, es decir, a servidor y defensor de la causa de Cristo. Muchas veces, quizá, también nosotros mismos hacemos de “perseguidores”: como san Pablo, tenemos que convertirnos de “perseguidores” a servidores y defensores de Jesucristo.

Con Santa María, reconozcamos que el Altísimo también se ha fijado en nosotros y nos ha escogido para participar de la misión sacerdotal y redentora de su Hijo divino: Regina apostolorum, Reina de los apóstoles, ¡ruega por nosotros!; haznos valientes para dar testimonio de nuestra fe cristiana en el mundo que nos toca vivir.

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LECTURA BREVE Sb 7, 13-14


LECTURA BREVE   Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

Es toda Tu terneza tan serena



Es toda Tu terneza tan serena


Rafael Ángel Marañón



Es toda tu terneza tan serena 
Que expande sobre mí tu voz amada, 
Y trae a mi corazón la paz preclara 
De tu celeste amparo sin cadena. 

En el cristal del infinito Cielo, 
Más brillas que las cálidas estrellas 
Que nunca alcanzarán a ser tan bellas, 
Pues son, en comparanza, como el hielo. 

Y te quiero conmigo, porque anhelo 
Como el bebé que mira hacia su madre, 
Quedar siempre en tu seno prisionero. 

Beber de tu venero, solo quiero; 
Marchar hacia Jesús, camino al Padre, 
Pues eres tú, María, mi fiel modelo. 

jueves, 24 de enero de 2019

Santo Evangelio 24 de Enero 2019



Día litúrgico: Jueves II del tiempo ordinario

Santoral 24 de Enero: San Francisco de Sales, obispo

Texto del Evangelio (Mc 3,7-12): 

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

«Le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón»


Rev. D. Melcior QUEROL i Solà 
(Ribes de Freser, Girona, España)

Hoy, todavía reciente el bautismo de Juan en las aguas del río Jordán, deberíamos recordar el talante de conversión de nuestro propio bautismo. Todos fuimos bautizados en un solo Señor, una sola fe, «en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo» (1Cor 12,13). He aquí el ideal de unidad: formar un solo cuerpo, ser en Cristo una sola cosa, para que el mundo crea.

En el Evangelio de hoy vemos cómo «una gran muchedumbre de Galilea» y también otra mucha gente procedente de otros lugares (cf. Mc 3,7-8) se acercan al Señor. Y Él acoge y procura el bien para todos, sin excepción. Esto lo hemos de tener muy presente durante el octavario de oración para la unidad de los cristianos.

Démonos cuenta de cómo, a lo largo de los siglos, los cristianos nos hemos dividido en católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, y un largo etcétera de confesiones cristianas. Pecado histórico contra una de las notas esenciales de la Iglesia: la unidad.

Pero aterricemos en nuestra realidad eclesial de hoy. La de nuestro obispado, la de nuestra parroquia. La de nuestro grupo cristiano. ¿Somos realmente una sola cosa? ¿Realmente nuestra relación de unidad es motivo de conversión para los alejados de la Iglesia? «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21), ruega Jesús al Padre. Éste es el reto. Que los paganos vean cómo se relaciona un grupo de creyentes, que congregados por el Espíritu Santo en la Iglesia de Cristo tienen un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32-34).

Recordemos que, como fruto de la Eucaristía —a la vez que la unión de cada uno con Jesús— se ha de manifestar la unidad de la Asamblea, ya que nos alimentamos del mismo Pan para ser un solo cuerpo. Por tanto, lo que los sacramentos significan, y la gracia que contienen, exigen de nosotros gestos de comunión hacia los otros. Nuestra conversión es a la unidad trinitaria (lo cual es un don que viene de lo alto) y nuestra tarea santificadora no puede obviar los gestos de comunión, de comprensión, de acogida y de perdón hacia los demás.

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Es la Virgen María



Es la Virgen María


Rafael Ángel Marañón


Es María la fuente de delicias, 
El grandioso regalo del Creador,
La mística compaña y el descanso,
La más bella criatura del Señor. 

Es la Virgen hermosa primavera, 
Es María descanso, paz y amor, 
Es amiga, colega y compañera,
Que madre para el Cristo escogió Dios 

Y es fuente de los gozos de mi alma 
Deleite del que se hace su amador,
Y sediento en sus linfas se refresca,
Bebiendo de su gracia y su candor. 

Es la luz de luciérnaga que alumbra
Nuestro lecho en las horas de dolor, 
Disipa las pretéritas angustias,
Y consuela en el último estertor. 

Y es al fin el heraldo de la gloria 
Que Cristo se complace en conceder,
Y en ella se complace y la consagra
Modelo sacrosanta de mujer. 

LECTURA BREVE Sb 7, 13-14


LECTURA BREVE   Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

miércoles, 23 de enero de 2019

Santo Evangelio 23 de Enero 2019



Día litúrgico: Miércoles II del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,1-6): 

En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?». Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.


«¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos enseña que hay que obrar el bien en todo tiempo: no hay un tiempo para hacer el bien y otro para descuidar el amor a los demás. El amor que nos viene de Dios nos conduce a la Ley suprema, que nos dejó Jesús en el mandamiento nuevo: «Amaos unos a otros como yo mismo os he amado» (Jn 13,34). Jesús no deroga ni critica la Ley de Moisés, ya que Él mismo cumple sus preceptos y acude a la sinagoga el sábado; lo que Jesús critica es la interpretación estrecha de la Ley que han hecho los maestros y los fariseos, una interpretación que deja poco lugar a la misericordia.

Jesucristo ha venido a proclamar el Evangelio de la salvación, pero sus adversarios, lejos de dejarse convencer, buscan pretextos contra Él: «Había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle» (Mc 3,1-2). Al mismo tiempo que podemos ver la acción de la gracia, constatamos la dureza del corazón de unos hombres orgullosos que creen tener la verdad de su parte. ¿Experimentaron alegría los fariseos al ver aquel pobre hombre con la salud restablecida? No, todo lo contrario, se obcecaron todavía más, hasta el punto de ir a hacer tratos con los herodianos —sus enemigos naturales— para mirar de perder a Jesús, ¡curiosa alianza!

Con su acción, Jesús libera también el sábado de las cadenas con las cuales lo habían atado los maestros de la Ley y los fariseos, y le restituye su sentido verdadero: día de comunión entre Dios y el hombre, día de liberación de la esclavitud, día de la salvación de las fuerzas del mal. Nos dice san Agustín: «Quien tiene la conciencia en paz, está tranquilo, y esta misma tranquilidad es el sábado del corazón». En Jesucristo, el sábado se abre ya al don del domingo.

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Es el Señor que el templo purifica...



Es el Señor que el templo purifica...


Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


Es el Señor que el templo purifica
que lava en su verdad la vieja herida,
y deja su morada embellecida,
su Espíritu que todo santifica.

El príncipe de paz que pacifica,
el guerrero radiante en su victoria,
Aquel que se queda en la memoria
la ternura del Bien que dulcifica.

Entra en su templo el Dios que se me ofrece,
enciende el fuego, la llama en que me quemo,
holocausto de Amor, ya nada temo
en el Amor divino que engrandece.

La Virgen Madre en el altar te ofrece
es la fe acrisolada que se entrega,
la fe del pueblo santo que congrega
con Amor redimido que florece.

Es la Virgen orante que consagra
el fruto de su entraña redimida,
entraña en el altar enaltecida,
oblación de un Amor que todo embarga.

LECTURA BREVE Rm 8, 35. 37


LECTURA BREVE   Rm 8, 35. 37

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.

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