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domingo, 18 de julio de 2021

Oración al Espíritu Santo

 


ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO 

Espíritu Santo, inspiración íntima que conduce hacia el bien, la verdad y la belleza. Luz interior, que ilumina la noche del alma, concediendo la certeza de la fe. Amor de de Dios, permanente destello  de la relación más sincera, incendio de la zarza ardiente, epifanía de la bondad divina en todo lo creado, que atrae y que enamora a la vez que envía.

 Susurro en la conciencia que dicta con voz de brisa la recreación, y convierte lo que existe en testigo del Ser que lo sostiene todo, humanización divina, divinización humana. Horizonte infinito, Tú te abres después de todos los límites y fascinas al que busca. 

Tú alientas el deseo de hallazgo, mantienes en la espera atenta y restauras en todas las fronteras la esperanza. Espíritu Santo, que permaneces discreto en el hondón del alma. Sólo cuando uno se atreve a cruzar el abismo del silencio, en el aparente vacío de sí mismo, te encuentra colmando de presencia el espacio interior. 

Llámame a entrar dentro de mí, donde Tú me habitas, para no cometer la injusticia de creerme solo, cuando Tú estás dentro, y de justificar mis huidas, cuando Tú me esperas para mantener el diálogo amoroso. Déjame gustar el don más cierto, la vocación a la vida, la anchura de la fe, la plenitud del amor, la inquebrantable confianza, la expectación ardiente. 

Que aguarde en vigilia la hora de tu advenimiento, para saber interpretar el mensaje que me dictas en cada circunstancia. Que sepa leer la historia desde tu mirada y trascender la realidad, en medio de la prueba. Cuando me aparto de tu mirada, la que llevo en las entrañas dibujada, me disperso y provoco un desierto desolador; mas cuando acierto a avanzar por la aridez del despojo en busca de tu aliento, respiro la dulzura indecible del acompañamiento secreto que más me afianza. 

En las pruebas justifico mi evasión, mientras que Tú esperas a que, agotado por mis exilios, vuelva al recinto del amor, menesteroso y sediento. 

Espíritu, fuente y manantial de agua del santuario, sáciame de tu gracia. Sé que eres el autor de mis logros, la respuesta a mi súplica, el descanso en mi fatiga, la tregua en mi trabajo, el cobijo en la hora aciaga, el techo que me cubre en la intemperie. 

Aunque no sea consciente de tu obrar en mí, no dejes de actuar, para que, con mi colaboración o con mi inconsciencia, te sirva de mediación para que otros experimenten tu apoyo. Espíritu Santo, Defensor y Amigo, Tú eres respetuoso y sagaz: realiza en mí el proyecto que Dios quiere que yo lleve a término con su gracia, que eres Tú mismo, divino aliento.

sábado, 17 de julio de 2021

Oración al Espíritu Santo

 


ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo, que me ungiste con tus dones el día de mi bautismo, no permitas que conviva con capacidades tan grandes, sin ser consciente de ellas y sin ejercitarlas; sería un desagradecido.

Despierta mis ojos y préstales la luz de tu Sabiduría, que mi mirada atraviese la realidad material y descubra en todo la presencia del Creador, y acierte a interpretar la historia desde el saber de Dios.

Espíritu bueno, que lo has hecho todo bueno y para bien, y en todo has dejado semillas de bondad, de belleza y de verdad: que sepa trascender los acontecimientos y que los lea en clave providente, desde el don de la fe.

Maestro interior, que de tantas maneras me aconsejas y me indicas con suavidad el camino que conduce a Dios: abre mi oído interior para que perciba tus insinuaciones y tus llamadas, y tenga fuerza para obedecer a aquello que conduce a la paz.

Tú eres, Espíritu Santo, quien convierte lo débil en fuerte, Tú eres defensor de los pequeños, de los humildes, de quienes se sienten frágiles y menesterosos, ¡Padre de los pobres! Tú eres fortaleza y a la vez misericordia; Tú conviertes las heridas en testigos de gracia. Úngeme con tu fuerza para que no perezca, sobre todo por argumentos subjetivos, por verme incapaz; que siempre confíe en tu gracia y me levante.

Tú eres Espíritu Creador, y al principio has aleteado sobre la faz de las aguas. Gracias a tu aliento existe todo. Nada ni nadie pueden recibir el obsequio de adoración. Solo Dios es Dios, Él es el Autor del universo, y Tú eres el sustentador de toda realidad, soplo y aliento de vida. No permitas que se desvíe mi corazón y rinda culto a las criaturas.

Tú eres el Amor divino, el amor entrañable, el amor que mantiene el hogar encendido en la Comunidad Trinitaria. Sé también el fuego ardiente en el corazón humano y mantén en mí la capacidad de amar, de compadecer, de practicar la misericordia, de ejercitar la piedad, que no se quede en un sentimiento emocional, sino que mi vida quede afectada ante los que padecen necesidad.

Espíritu Santo, Tú eres el Amigo del alma, el Consejero fiel, el Abogado defensor: defiéndeme de mí mismo. No permitas que me emancipe de ti, que, pretencioso, huya de tu presencia y de tu mirada, ni cierre mis oídos a tus consejos. Sería temerario un camino independiente, orgulloso, como si yo me pudiera valer por mí mismo. Defiéndeme, tanto mis posibles opciones emancipadas, como de los momentos en los que me pueda hundir, desconfiado. Mantenme siempre en la filiación divina confiada, y haz que no huya nunca de la presencia de Dios, aunque tenga que reconocer avergonzado mi debilidad.

Espíritu Santo, sé que cuanto de expreso ya me lo has dado, y que tan solo es preciso que sea consciente de tanta gracia. No te entristezcas ante mi falta de memoria. Te pido que además de ser la fuente de mis dones, te hagas Consejero permanente y me recuerdes esos dones para que colabore contigo en el acrecentamiento de la creación y sea signo de tu Amor en el mundo. Amén

jueves, 11 de febrero de 2021

Oración al Espiritu Santo




 ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO 

Espíritu Santo, ven, hazme reconocer tu acción en mí, como en la primera creación, por la que el Hacedor de todo, al final de cada jornada, vio que todo era bueno. 

Recrea en mi alma la bondad, la verdad y la belleza, por las que yo siempre pueda sentir el cimiento de mi estabilidad personal, al saber y reconocer la huella de tu acción. 

¡Ven, Espíritu Santo, y recrea en mí tu proyecto! Espíritu Santo, ven, muéstrame, como lo hiciste en tiempos de Noé, la señal de paz, de vida, de habitabilidad, que me haga confiar y entregarme. Que no me encierre dentro de mí de manera ensimismada y egoísta, sino que salga a compartir la tarea y colabore contigo en la obra inmensa de hacer este mundo mejor, una casa habitable, en convivencia y en paz. 

¡Ven, Espíritu Santo, y visítame con tu paz, signo de que cumplo la voluntad de Dios! Espíritu Santo, ven, y, como lo hiciste en tiempos de Moisés, descendiendo sobre la tienda del encuentro, santuario de tu presencia, desciende sobre mí, cúbreme, habítame, abrázame, sumérgeme, que respire tu vida en mí, que te encuentre dentro de mí, que camine bajo tu luz o bajo tu sombra, pero siempre llevando en mi conciencia que soy persona habitada, y considere a quienes miro reflejo del don de tu aliento. ¡Ven, Espíritu Santo, acompáñame siempre y así no perderé nunca la conciencia de que me habitas! Espíritu Santo, ven, y como hiciste en tiempos de los profetas, fortaléceme para que tenga el valor, la fuerza, la energía de anunciar el mensaje del amor y de la misericordia, de la justicia, y de la bondad de Dios a todos los que hoy peregrinan por la vida y se cruzan en mi camino o viven junto a mí. Para que se anuncie la Buena Noticia entre los más necesitados de pan y de esperanza. 

¡Ven, Espíritu Consolador, hazme instrumento de tu misericordia! Espíritu Santo, ven. Tú puedes, como en los tiempos de Ezequiel, revitalizar lo seco, lo inerte, hasta lo muerto, y hacer que se convierta en signo de vida y de esperanza. Tú eres quien da vida, rehabilita, endereza a los que ya se doblan. Tú fortaleces. 

¡Ven, Espíritu Santo, Señor y dador de vida, haz que nunca pacte con la inercia ni con la apatía, y que gracias a ti sea signo de vida!  Espíritu Santo, ven, sé fuego, ardor en el corazón, valentía en el ánimo, motivo para testimoniar la experiencia desbordante de tu moción consoladora, de tu llamada, para ser testigo de Jesucristo resucitado, razón de la fe. 

¡Ven, Espíritu Santo, enciende en nosotros el fuego de tu amor! Espíritu Santo, ven. Tú puedes, como lo hiciste con los discípulos de Jesús, vencer el miedo, el escepticismo, la desesperanza, el tedio, la huida, la vergüenza, el cansancio. Sé que gracias a ti vivo, respiro, tengo ilusión, ánimo, fuerza, fe, deseos de bien, pero Tú conoces mi debilidad, mi pobreza, mi pecado, mi estado crónico. ¡Ven en ayuda de mi debilidad!

miércoles, 10 de febrero de 2021

Oración al Espiritu Santo

 


ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO 


Espíritu Santo, inspiración íntima que conduce hacia el bien, la verdad y la belleza. Luz interior, que ilumina la noche del alma, concediendo la certeza de la fe. Amor de de Dios, permanente destello  de la relación más sincera, incendio de la zarza ardiente, epifanía de la bondad divina en todo lo creado, que atrae y que enamora a la vez que envía.

 Susurro en la conciencia que dicta con voz de brisa la recreación, y convierte lo que existe en testigo del Ser que lo sostiene todo, humanización divina, divinización humana. Horizonte infinito, Tú te abres después de todos los límites y fascinas al que busca. Tú alientas el deseo de hallazgo, mantienes en la espera atenta y restauras en todas las fronteras la esperanza. 

Espíritu Santo, que permaneces discreto en el hondón del alma. Sólo cuando uno se atreve a cruzar el abismo del silencio, en el aparente vacío de sí mismo, te encuentra colmando de presencia el espacio interior. Llámame a entrar dentro de mí, donde Tú me habitas, para no cometer la injusticia de creerme solo, cuando Tú estás dentro, y de justificar mis huidas, cuando Tú me esperas para mantener el diálogo amoroso. Déjame gustar el don más cierto, la vocación a la vida, la anchura de la fe, la plenitud del amor, la inquebrantable confianza, la expectación ardiente. Que aguarde en vigilia la hora de tu advenimiento, para saber interpretar el mensaje que me dictas en cada circunstancia. Que sepa leer la historia desde tu mirada y trascender la realidad, en medio de la prueba.

 Cuando me aparto de tu mirada, la que llevo en las entrañas dibujada, me disperso y provoco un desierto desolador; mas cuando acierto a avanzar por la aridez del despojo en busca de tu aliento, respiro la dulzura indecible del acompañamiento secreto que más me afianza. En las pruebas justifico mi evasión, mientras que Tú esperas a que, agotado por mis exilios, vuelva al recinto del amor, menesteroso y sediento. 

Espíritu, fuente y manantial de agua del santuario, sáciame de tu gracia. Sé que eres el autor de mis logros, la respuesta a mi súplica, el descanso en mi fatiga, la tregua en mi trabajo, el cobijo en la hora aciaga, el techo que me cubre en la intemperie. Aunque no sea consciente de tu obrar en mí, no dejes de actuar, para que, con mi colaboración o con mi inconsciencia, te sirva de mediación para que otros experimenten tu apoyo. Espíritu Santo, Defensor y Amigo, Tú eres respetuoso y sagaz: realiza en mí el proyecto que Dios quiere que yo lleve a término con su gracia, que eres Tú mismo, divino aliento.

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