jueves, 17 de diciembre de 2020

Pilares de la Personalidad, Parte I

 


Pilares de la Personalidad, Parte I 

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Este tema resume muchos conceptos que le han de ayudar. He aquí algunos de ellos: 

1.- No desesperarse. Una personalidad auténtica y fuerte se caracteriza por mantener la calma y el control de las emociones. Mantenga la calma y la serenidad, de lo contrario irá a la ruina personal. 

2.- No acuda nunca a la superstición ni a los medios ilícitos para solucionar sus problemas. La orientación está en la palabra de Dios, en los presbíteros, en los orientadores matrimoniales, en los psicólogos y demás. Los malos negocios son situaciones ilícitas. No caiga en ellos. Van en contra de Dios y de usted mismo. Crea en el poder de Dios.

3.- Cultive sanas amistades. ¡Qué gran tesoro y bendición de Dios, es tener buenas amistades! Mantenga y proteja la buena amistad. Los que se rodean con gente que hace el mal al final se contagian y hacen de igual forma el mal. Sepa escoger bien a sus amistades. Investigue y descubra quiénes son las amistades de sus hijos y aconséjelos en este sentido. No imponga criterios, oriéntelos en este pilar tan importante. Cultive sanas amistades y manténgalas. El gran amigo, el más grande de todos es CRISTO JESÚS. 

4.- Diga siempre la verdad. Ame y promueva la verdad. No caiga en el mal hábito de la mentira. Busque las verdades profundas; acostúmbrese a ser un investigador de la verdad. No haga caso a los chismosos. Tenga cuidado de la gente que habla mal de otros, porque así mismo lo harán de usted. 

5.- Ame siempre a pesar de todo. No todo el mundo le va a responder bien siempre. Siga amando aún a pesar de todo. Haga siempre el bien y así usted será dichoso. Ame aún a aquellas personas que le hacen sufrir. Es conveniente ignorar en algunos casos lo negativo de los demás. Ayúdelos a superarse. Ame a todos con el amor de Dios. 

6.- Haga siempre las cosas sin esperar recompensa. Si usted quiere ser una persona feliz, trate siempre de hacer las cosas sin esperar nada a cambio. Esto es difícil, porque algunas veces tendemos a comerciar con la vida. Usted será grande en la medida en que se dé. Somos felices cuando en verdad nos hemos dado, pero nos sentimos mal cuando lo hacemos esperando recompensa. Cuando uno se da siempre, recibe más y más de Dios. Esta es la mejor recompensa. Ingrese en comunidades o asociaciones que le brinden la oportunidad de hacer algo sin esperar recompensa. 

7.- Y un último consejo: Recuerde que, ¡CON DIOS, SOMOS INVENCIBLES!

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