viernes, 28 de agosto de 2020

Silencio por favor

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Silencio por favor

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


En este Mensaje al Corazón en el día de hoy le decimos: "Silencio por favor". Sí, silencio por favor, porque necesitamos el silencio para vivir.

En nuestra sociedad moderna el ruido se ha convertido en una parte esencial de la vida. El ruido aparece en todas partes: en las industrias, en las fábricas, en el tráfico, en la televisión, en la radio, en las grabadoras, etc. También el ruido está en nuestras conversaciones. Hablamos con voz muy alta, decimos demasiadas cosas, muchas veces sin pensarlas, hablamos por hablar y decimos muy poco. Hay ruido en nuestro corazón, sí, ¡hay mucho ruido! Estamos almacenando el ruido de la calle, el ruido de nuestro pasado, de nuestras angustias, de nuestros odios, de chismes, de malas noticias, de pesimismos, derrotas y amarguras.

Hay ruido por todas partes y nos angustia, nos pone nerviosos y nos desespera. ¿Por qué no hacemos silencio? Sabemos que no se pueden parar las fábricas, tampoco se puede detener el tráfico, aunque sí se pueden crear campañas que aminoren el ruido excesivo como: no tocar la bocina en ciertas zonas, poner aparatos especiales que suavicen el ruido de los motores en las fábricas, etc.

Hoy quisiéramos decirle que usted puede hacer más silencio, aún con el ruido exterior que existe. ¿Cómo? Racionalice el uso de los aparatos tales como la radio, la televisión, las grabadoras, etc. Tenga en su casa un oasis de paz, un cuarto donde se respete el silencio o haga que en su hogar existan momentos de silencio que todos los miembros de la familia respeten. Lo cierto es que necesitamos el silencio para vivir; nos estamos neurotizando tremendamente por el exceso de ruido. El ruido nos va enloqueciendo, nos va acelerando emocional y mentalmente, nos va haciendo más violentos.

Vivimos en una sociedad demasiado ruidosa. No hay tiempo para la meditación; ahogamos el silencio a base de ruidos y así, ¿quién puede contemplar el misterio del ser humano? Nos encanta el ruido, porque nos aliena y nos impide pensar más. Se necesita el silencio para poder contemplar el misterio que somos cada uno de nosotros. Necesitamos callar y callar el ambiente, sumergirnos en nuestro interior y preguntarnos cada uno: ¿quién soy?, ¿a dónde voy?,¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿me estoy realizando?, ¿qué defectos tengo?, ¿qué traumas me condicionan?, ¿qué complejos me aturden?, ¿qué cosas me obsesionan? Preguntarme, responderme, oírme, saber de mis necesidades más ocultas, hacerme caso, tomarme en cuenta, saber que vivo, que existo, saber que antes no fui y que ahora soy, porque Dios me dio la vida y que algún día no seré aquí en la tierra, aunque siempre seré en la eternidad.

Si hiciéramos más silencio en la vida oiríamos tanto, escucharíamos los mensajes más fuertes, los clamores más inimaginables; oiríamos la voz de la historia que nos llama a actuar. En el silencio nos convertiríamos en redentores de esta humanidad y brindaríamos a los que nos necesitan, algo o mucho, todo depende de nuestra fortaleza, de nuestro amor y de nuestro silencio. En el silencio nos convertiríamos en buenos alumnos, aprenderíamos tanto de la historia que es maestra y nos convertiríamos en maestros también, porque le diríamos a otros lo que hemos oído.

En los hospitales generalmente hay letreros que dicen: "Silencio por favor". ¿Por qué? Porque los enfermos necesitan descanso, ya que es necesario para su recuperación. Pero hay muchos más enfermos fuera que dentro de los hospitales, sobre todo enfermos emocionales y puede ser el caso suyo. Gente que es víctima de la tensión, de las prisas, de las preocupaciones, de las angustias de la vida diaria y entre las cosas que necesitan está el silencio. No hacer mucho ruido, no alborotar más sus cabezas y sus corazones con un exceso de chismes, gritos, quejas, conversaciones sin sentido. Necesitamos todos un poco más de silencio, menos recargo de ideas inservibles y destructivas que se nos van metiendo día y noche. ¿Por qué no le pierde el miedo al silencio y comienza a fabricar su hora de silencio en donde se sentirá más persona? ¿Por qué no detiene un poco el ruido que lo ahoga y se sumerge en el silencio y en la soledad un poquito cada día, para encontrarse más con Dios y con usted mismo todos los días? Usted puede tener sus momentos de silencio. Apartarse un rato del ruido; retirarse un momento y hacer silencio. ¿Y por qué no en el templo, en nuestros templos que muchas veces, por desgracia, están vacíos? Podría ir usted un rato y encontrarse con el Señor.

¡Un poco más de silencio por favor! Silencio para que seamos mejores. No se olvide que si usted se encuentra con el Señor en el silencio crecerá más en santidad y recuerde: ¡CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE!

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