viernes, 1 de enero de 2016

Con la Puerta de la Misericordia. Santa María, Madre de Dios


 CON LA PUERTA DE LA MISERICORDIA: SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

Por Javier Leoz

Iniciamos este primer día del Año 2016 de la mano de Santa María, Madre de Dios. Desde los primeros siglos de nuestra era cristiana, Ella –María-, se convirtió no solamente den Madre de Dios sino, además en Madre nuestra. Con doble motivo, en este Año de la Misericordia, la vemos junto a Aquel que es pórtico, umbral y garantía de camino con final en los brazos de Dios: Cristo. Ella, no es “puerta de la misericordia” pero está junto a Aquel que lo es y, Ella, es Madre de Misericordia. Refleja, perfectamente, la síntesis de la Convocatoria del Año Jubilar por parte del Papa Francisco: “La misericordia es la viga de la iglesia”. ¿No lo es, acaso, la dulzura, esperanza, humildad, entrega, confianza y pobreza de María? Con razón pues, en este primer día del Año, podemos decir: ELLA ESTÁ JUNTO AL LADO DE AQUEL QUE ES PUERTA DE MISERICORDIA.

1. Santa María, Madre de Dios, nos ayuda y nos invita a comenzar con buen pie este Año Nuevo. Y, si es Año Nuevo, hay que arrancar también las 12 páginas que hemos ido pasando en estos meses anteriores:

- Dejemos atrás la página de la tristeza. Estamos llamados, contemplando el rostro de Jesús, a disfrutar de la vida. Un disfrute que será bueno y eterno si lo hacemos con la ayuda de nuestra fe. Dios ha venido como Señor de la alegría.

- Dejemos atrás la página del odio. Todos, en algún momento, hemos levantado el hacha de guerra en diversas circunstancias y por variados motivos. La Reina de la Paz, la Virgen María, nos recuerda que como cristianos hemos de ser hacedores de paz y no guerrilleros.

- Dejemos atrás la página del rencor. No es bueno atesorar malos momentos, malas experiencias. Recordemos lo bueno y lo potenciemos. Olvidemos lo malo y entremos sin reservas en este Año Nuevo

- Dejemos atrás la página de la duda. Un mundo sin fe se queda en nada. Agarrémonos a Dios. Creer y esperar sólo en el hombre, en el progreso, en la ciencia, no nos asegura nada ni facilita mucho las cosas.

- Dejemos atrás la página de la superficialidad. Seamos más profundos. Si Dios dejó el cielo por estar con el hombre, por hacerse hombre. ¿Cómo no vamos, en contraprestación, a dejar nuestros pequeños paraísos para conocerle más y mejor?

- Dejemos la página de la cobardía. Un cristiano que no da testimonio es como una chimenea que adorna una casa pero por la cual, al no salir nunca humo, denota que existe poco calor y escaso fuego en su interior. Es hora de desprendernos de la concha de la vergüenza apostólica. Ser cristiano significa comprometerse con la fe, con Cristo los 12 meses venideros.

- Dejemos atrás la página de nuestros defectos. No es suficiente ser conscientes de ellos; no nos podemos amparar en el “somos humanos y todos erramos”. Un nuevo año es una nueva oportunidad que Dios nos da para escribir de nuevo una historia de esperanza, de amor, de ilusión y de alegría con la pluma de nuestra fe.

- Dejemos atrás la página de la ingratitud. Seamos más agradecidos. Reconozcamos, a los que nos rodean o trabajan con nosotros, los pequeños detalles que nos brindan cada día.

- Dejemos atrás la página de la violencia. Que nuestras palabras sean más agradables; que nuestras actitudes sean más constructivas; que nuestra crítica sea más objetiva y menos interesada. Que el terrorismo sea pronto un punto negro, pero en nuestra memoria.

2. Estamos ante la más popular y antigua fiesta de María: Santa María, Madre de Dios. Los cristianos, en este año que se inicia pedimos la protección de Dios con una antigua fórmula que el Señor, a través de Moisés, confió a los sacerdotes para que la pronunciaran sobre el pueblo y que hemos leído en la Primera Lectura: "Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz." Pasarán las hojas del calendario y, ojala con esas hojas, sean fecundas también nuestras buenas obras, nuestro encuentro con los demás, el crecimiento espiritual de cada uno de nosotros, la comunión con la Iglesia que desea vida nueva para nuestra existencia, la renovación de nuestras familias desde el temple evangélico o la sensibilidad con los más desfavorecidos.

Año Nuevo sólo será posible si, en verdad, cambian las estructuras y –en esas estructuras- damos lugar no a ideologías que lo desbaratan todo sino a ideas que son comunes a todos y que pueden aportar reconciliación, paz, progreso (del bueno y no sectario) y sobre todo sentimientos de paz y de esperanza. Que Santa María, Madre de Dios, nos acompañe en este itinerario. Que el Año Nuevo no sea una simple copa de burbujas venida a menos y que, el Año Nuevo, no se convierta en muletilla obligada de una sociedad de consumo. Feliz Año Nuevo de la mano de la Virgen María. Con Ella, estoy seguro, el calendario será hoja de ruta y no sólo hojas que caen al suelo

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