sábado, 20 de febrero de 2021

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Santo Evangelio 20 de Febrero 2021

  


Texto del Evangelio (Lc 5,27-32): 

En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?». Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».

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«No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores»


Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido

(Cerdanyola del Vallès, Barcelona, España)

Hoy vemos cómo avanza la Cuaresma y la intensidad de la conversión a la que el Señor nos llama. La figura del apóstol y evangelista Mateo es muy representativa de quienes podemos llegar a pensar que, por causa de nuestro historial, o por los pecados personales o situaciones complicadas, es difícil que el Señor se fije en nosotros para colaborar con Él.

Pues bien, Jesucristo, para sacarnos toda duda nos pone como primer evangelista el cobrador de impuestos Leví, a quien le dice sin más: «Sígueme» (Lc 5,27). Con él hace exactamente lo contrario de lo que una mentalidad “prudente” pudiera considerar si quisiéramos aparentar ser “políticamente correctos”. Leví —en cambio— venía de un mundo donde padecía el rechazo de todos sus compatriotas, ya que se le consideraba, sólo por el hecho de ser publicano, colaboracionista de los romanos y, posiblemente, defraudador por las “comisiones”, el que ahogaba a los pobres para cobrarles los impuestos, en fin, un pecador público.

A los que se consideraban perfectos no se les podía pasar por la cabeza que Jesús no solamente le llamara a seguirlo, sino ni tan sólo a sentarse en la misma mesa.

Pero con esta actitud de escogerlo, Nuestro Señor Jesucristo nos dice que más bien es este tipo de gente de quien le gusta servirse para extender su Reino; ha escogido a los malvados, a los pecadores, a los que no se creen justos: «Para confundir a los fuertes, ha escogido a los que son débiles a los ojos del mundo» (1Cor 1,27). Son éstos los que necesitan al médico, y sobre todo, ellos son los que entenderán que los otros lo necesiten.

Hemos de huir, pues, de pensar que Dios quiere expedientes limpios e inmaculados para servirle. Este expediente sólo lo preparó para Nuestra Madre. Pero para nosotros, sujetos de la salvación de Dios y protagonistas de la Cuaresma, Dios quiere un corazón contrito y humillado. Precisamente, «Dios te ha escogido débil para darte su propio poder» (San Agustín). Éste es el tipo de gente que, como dice el salmista, Dios no menosprecia.


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LECTURA BREVE Is 53, 11b-12

 



LECTURA BREVE   Is 53, 11b-12


Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.

El Perdón

 


EL PERDÓN 

Jesús en la Cruz clamó a su Padre y dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.  LAS RESISTENCIAS A PERDONAR 

Quienes no perdonan son como los jueces inmisericordes. Quienes no perdonan arrastran de por vida heridas incurables. Quienes no perdonan se aíslan en sus feudos egoístas. Quienes no perdonan sucumben a la tentación del orgullo herido. Quienes no perdonan se condenan al miedo de la venganza. Quienes no perdonan se vuelven suspicaces. Quienes no perdonan no podrán convivir consigo mismos.  PRINCIPIOS DE SABIDURÍA 

Perdonad y seréis perdonados. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten a vosotros. El que siembra vientos cosecha tempestades. La medida que uséis la usarán con vosotros. Quien no perdona se condena a sí mismo. Quienes no perdonan se esclavizan y quedan víctimas del odio Quien perdona, pero no olvida, queda víctima del resentimiento. 

 EL BENEFICIO DEL PERDÓN El perdón es la puerta para acceder de nuevo a la casa de Dios. El perdón nos rehabilita la identidad filial divina. El perdón nos posibilita el retorno del exilio. El perdón nos deja gustar el abrazo entrañable. El perdón nos regala el vestido nuevo del primogénito. El perdón nos da la credencial para sentarnos al banquete. El perdón nos libra de la mala memoria.  

LOS FRUTOS DEL PERDÓN Quien perdona se asemeja a Dios, el único que puede perdonar. Quien perdona siembra su propio futuro esperanzador. Quien perdona acierta a caminar libre de rencor. Quien perdona alcanza la paz. Quien perdona se libra de llevar cuentas. Quien perdona acierta a avanzar sin pesos insoportables. Quien perdona siembra cosecha de misericordia para sí.  

LA GRACIA DEL PERDÓN Quien se siente perdonado renace. Quien se siente perdonado recupera la alegría. Quien se siente perdonado unge su historia de hitos bendecidos. Quien se siente perdonado se vuelve magnánimo. Quien se siente perdonado ensancha sus entrañas. Quien se siente perdonado tiene más posibilidad de ser buen samaritano. Quien se siente perdonado vive agradecido y humilde. 

viernes, 19 de febrero de 2021

Santo Evangelio 19 de Febrero 2021

  


Texto del Evangelio (Mt 9,14-15): 

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán».

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«Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán»


Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer

(Barcelona, España)

Hoy, primer viernes de Cuaresma, habiendo vivido el ayuno y la abstinencia del Miércoles de Ceniza, hemos procurado ofrecer el ayuno y el rezo del Santo Rosario por la paz, que tanto urge en nuestro mundo. Nosotros estamos dispuestos a tener cuidado de este ejercicio cuaresmal que la Iglesia, Madre y Maestra, nos pide que observemos, y a recordar que el mismo Señor dijo: «Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán» (Mt 9,15). Tenemos el deseo de vivirlo no sólo como el cumplimiento de un precepto al que estamos obligados, sino —sobre todo— procurando llegar a encontrar el espíritu que nos conduce a vivir esta práctica cuaresmal y que nos ayudará en nuestro progreso espiritual.

Buscando este sentido profundo, nos podemos preguntar: ¿cuál es el verdadero ayuno? Ya el profeta Isaías, en la primera lectura de hoy, comenta cuál es el ayuno que Dios aprecia: «Partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor» (Is 58,7-8). A Dios le gusta y espera de nosotros todo aquello que nos lleva al amor auténtico con nuestros hermanos.

Cada año, el Santo Padre Juan Pablo II nos escribía un mensaje de Cuaresma. En uno de estos mensajes, bajo el lema «Hace más feliz dar que recibir» (Hch 20,35), sus palabras nos ayudaron a descubrir esta misma dimensión caritativa del ayuno, que nos dispone —desde lo profundo de nuestro corazón— a prepararnos para la Pascua con un esfuerzo para identificarnos, cada vez más, con el amor de Cristo que le ha llevado hasta dar la vida en la Cruz. En definitiva, «lo que todo cristiano ha de hacer en cualquier tiempo, ahora hay que hacerlo con más solicitud y con más devoción» (San León Magno, papa).


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