martes, 26 de noviembre de 2013

Santo Evangelio 26 de Noviembre de 2013

 
Día litúrgico: Martes XXXIV del tiempo ordinario
 
Texto del Evangelio (Lc 21,5-11): En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».
Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».`
 
Comentario: Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret (Vic, Barcelona, España)
No quedará piedra sobre piedra

Hoy escuchamos asombrados la severa advertencia del Señor: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida» (Lc 21,6). Estas palabras de Jesús se sitúan en las antípodas de una así denominada “cultura del progreso indefinido de la humanidad” o, si se prefiere, de unos cuantos cabecillas tecnocientíficos y políticomilitares de la especie humana, en imparable evolución.
 ¿Desde dónde? ¿Hasta dónde? Esto nadie lo sabe ni lo puede saber, a excepción, en último término, de una supuesta materia eterna que niega a Dios usurpándole los atributos. ¡Cómo intentan hacernos comulgar con ruedas de molino los que rechazan comulgar con la finitud y precariedad que son propias de la condición humana!
 Nosotros, discípulos del Hijo de Dios hecho hombre, de Jesús, escuchamos sus palabras y, haciéndolas muy nuestras, las meditamos. He aquí que nos dice: «Estad alerta, no os dejéis engañar» (Lc 21,8). Nos lo dice Aquel que ha venido a dar testimonio de la verdad, afirmando que aquellos que son de la verdad escuchan su voz.
 Y he aquí también que nos asevera: «El fin no es inmediato» (Lc 21,9). Lo cual quiere decir, por un lado, que disponemos de un tiempo de salvación y que nos conviene aprovecharlo; y, por otro, que, en cualquier caso, vendrá el fin. Sí, Jesús, vendrá «a juzgar a los vivos y a los muertos», tal como profesamos en el Credo.
 Lectores de Contemplar el Evangelio de hoy, queridos hermanos y amigos: unos versículos más adelante del fragmento que ahora comento, Jesús nos estimula y consuela con estas otras palabras que, en su nombre, os repito: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestra vida» (Lc 21,19).
 Nosotros, dándole cordial resonancia, con la energía de un himno cristiano de Cataluña, nos exhortamos los unos a los otros: «¡Perseveremos, que con la mano ya tocamos la cima!».
 

Beata Delfina de Signe, 26 de Noviembre

Beata Delfina de Signe
 
 Noviembre 26
 
 (1283-1360) Esposa de San Elzéar, Delfina fue una viuda del siglo XIV.

 Esta santa fue muy conocida por los fieles franceses en la tardía Edad Media.

 Este nombre se usa en nuestra cultura tanto el masculino comoel femenino..

 Estos nombres los llevaron los príncipes del Delfinado.
 
 Santa Delfina aparece ante nuestros ojos como una mujer encantadora que pasó por el mundo derramando su gracia, su profunda virtud y el perfume de su afecto.

 Fue la suya una santidad eminentemente femenina. Era hija única de los condes de Marsella.
 Nació en Puy-Michel en 1283.
 
 A los 12 años estaba ya de novia – cosa de aquellos tiempos – con un joven llamado Elceario.
 La boda tuvo lugar cuatro años después. Fue un matrimonio “blanco”, porque los jóvenes eligieron la castidad como medio de perfección.

 En el castillo formaron parte de la tercera orden franciscana, que les dio a su vida la alta dimensión de la caridad.

 El fue nombrado embajador en Nápoles, y, en una región dividida por las guerras, ellos supieron implantar la concordia.

 Elceario murió en París y Delfina muchos años después

San Juan Berchmans, religioso, 26 de Noviembre

26 DE NOVIEMBRE


SAN JUAN BERCHMANS,
religioso ( + 1621)



San Juan Berchmans nacio en Diest, pequeña villa de Flandes, Belgica, el 1599. Nacio el 13 de marzo y murio otro 13, el de agosto. No importa. La supersticion no tenía cabida en su vida. Todos los dias son regalo de Dios. 

Su padre Juan, curtidor de pieles, y su madre Isabel, eran buenos cristianos. Tuvieron cinco hijos, de los que tres se consagraron al Señor. Murió pronto la madre, y al final el padre se ordenó sacerdote.

Nuestro santo fue el ángel del hogar, fiel ayudante de su madre. Inicióo sus estudios en el Seminario de Malinas, luego entro en el Noviciado de los jesuitas de la misma ciudad. Mas tarde pasóo a Roma. En el Seminario y en el Noviciado se distinguió por su candor, estudio y piedad.

Su devoción a la Virgen era proverbial. Sentía hacia ella un cariño tierno, profundo, confiado y filial. "Si amo a Maria, decía, tengo segura mi salvación, perseveraré en la vocación, alcanzarée cuanto quisiere, en una palabra, seré todopoderoso". A ella dedico su Coronita de las doce estrellas.

Pululaban por entonces los errores de Bayo, catedrático de Escritura en Lovaina, quien afirmaba que María habla sido concebida en pecado.

Los teólogos Belarmino y Francisco de Toledo intervienen para esclarecer la verdad. Es curioso notar que el gran teólogo español Juan de Lugo atribuye el movimiento a favor de la Inmaculada a las oraciones de Berchmans.

El mismo Lugo insiste en que el decreto de 24 de mayo de 1622 se ha conseguido por la influencia sobrenatural de Juan Berchmans. En el se confirman las constituciones de Sixto VI, Alejandro VI, San Pio V y Pablo V. Se manda severamente que nadie, ni de palabra ni por escrito, se atreve a afirmar que la Santísima Virgen María fue concebida en pecado, y se solemniza la fiesta de la Inmaculada.

En el ultimo año de su vida Juan se había comprometido, firmando con su propia sangre, a "afirmar y defender dondequiera que se encontrase el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María".

Los santos han practicado en grado heroico todas las virtudes. Pero suelen distinguirse en alguna de ellas. ¿Cual es la virtud característica de Berchmans? El deseaba practicarlas todas por igual. Su obsesión, su locura de santo, era la fidelidad en observar perfectamente sus obligaciones, sin excusas ni escapismos. "La virtud mas eminente, es hacer sencillamente, lo que tenemos que hacer", decia Pemán en El Divino Impaciente.

Aparentemente no había hecho nada, nada llamativo. Pero vivio "apasionado por la gloria de Dios". "Quiere trabajar sin perder la más pequeña parte de su tiempo". Aprovecha las cruces de la vida diaria: "Mi mayor penitencia, la vida común". "Quiero ser santo sin espera alguna".

Hacía cada cosa en su momento, y sobrenaturalizando la intención. Cuando hay que orar, decía, ora con todo amor. Cuando hay que estudiar, estudia con toda ilusión. Cuando hay que practicar deporte, practícalo con todo entusiasmo. Y siempre con más amor, en cada instante del programa diario, bajo la dulce mirada maternal de la Virgen Maráa. Estudiaba con la mirada puesta en el futuro apostolado, en las almas que se le encomendarían. 

Mi mayor consuelo, decía al morir joven, es no haber quebrantado nunca, en mi vida religiosa, regla alguna ni orden de mis superiores, a sabiendas, y advertidamente, y el no haber cometido nunca un pecado venial. Alto y recio mensaje. Es patrono de los que se preparan para el sacerdocio. Murió el 13 de agosto de 1621. Sus ultimas palabras fueron: Jesús, María.


lunes, 25 de noviembre de 2013



Santísima Virgen de la Divina Providencia

Autor: | Fuente: Corazones.org

Patrona de Puerto Rico

La devoción a la Virgen de la Divina Providencia se origina en el siglo XIII en Italia, de donde llegó poco tiempo después a España, en donde se construyó un santuario en Tarragona, Cataluña.

Se dice que el nombre de Divina Providencia, le fue asignado a la Virgen por San Felipe Benicio, quinto superior de los Siervos de María, quien en una ocación en la que él y sus frailes no tenían nada que comer, invocó la protección de su Patrona, al poco tiempo se oyó toques en la puerta del convento, encontrando al abrila dos canastas llenas de alimentos.

La imagen original venerada por los Siervos de María y otras órdenes religiosas italianas, es un hermoso óleo en el que aparece la Virgen con el Divino Niño dormido plácidamente en sus brazos. Se cuenta que el título "de la Divina Providencia", se debe a San Felipe Benicio, quinto superior de los Siervos de María, quien al invocar la protección de la Virgen un día en que sus frailes no tenían nada que comer, encontró a la puerta del convento dos cestas repletas de alimentos sin que se pudiese conocer su procedencia.

La imagen mandada a hacer por Don Gil Esteve fue tallada en Barcelona según el gusto de la época. Es una hermosa imagen sentada, "de ropaje, (es decir, hecha para ser vestida), y estuvo expuesta al culto en la catedral durante 67 años, hasta que en 1920 fue sustituida por otra magnífica talla, toda de madera, que es la imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia más familiar y conocida por las comunidades puertorriqueñas.

María se inclina sobre el Niño, que en total actitud de confianza duerme plácidamente en su regazo. Las manos de la Virgen se unen en oración mientras sostiene suavemente la mano izquierda del Divino Infante. El conjunto sugiere ternura, abandono, devoción y paz.

El Papa Pablo VI declaró a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como patrona principal de la isla de Puerto Rico mediante un decreto firmado el 19 de noviembre de 1969. En ese documento se decretó también que la solemnidad de la Virgen debía trasladarse del dos de enero, aniversario de su llegada a la isla, al 19 de noviembre, día en que fue descubierta la isla de Borinquen. Se quiso unir así los dos grandes afectos de los puertorriqueños; el amor por su preciosa isla y el amor por la Madre de Dios.

La talla más antigua, que data del 1853, fue la elegida para ser coronada solemnemente durante la reunión del Consejo Episcopal Latino Americano celebrada en San Juan de Puerto Rico el 5 de noviembre de 1976. La víspera del acontecimiento esta imagen fue vilmente quemada en la Parroquia de Santa Teresita de Santurce. Pero eso no detuvo la solemne coronación, que ocurrió en medio de la emoción y las lágrimas de millares de sus hijos y la presencia de cardenales, arzobispos y obispos venidos de toda Latinoamérica.

La imagen quemada fue enviada a España para ser restaurada. Actualmente espera la construcción del proyectado gran santuario nacional para ser allí colocada

Santo Evangelio 25 de Noviembre de 2013


Día litúrgico: Lunes XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,1-4): En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir».


Comentario: Rev. D. Àngel Eugeni PÉREZ i Sánchez (Barcelona, España)
Ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir

Hoy, como casi siempre, las cosas pequeñas pasan desapercibidas: limosnas pequeñas, sacrificios pequeños, oraciones pequeñas (jaculatorias); pero lo que aparece como pequeño y sin importancia muchas veces constituye la urdimbre y también el acabado de las obras maestras: tanto de las grandes obras de arte como de la obra máxima de la santidad personal.

Por el hecho de pasar desapercibidas esas cosas pequeñas, su rectitud de intención está garantizada: no buscamos con ellas el reconocimiento de los demás ni la gloria humana. Sólo Dios las descubrirá en nuestro corazón, como sólo Jesús se percató de la generosidad de la viuda. Es más que seguro que la pobre mujer no hizo anunciar su gesto con un toque de trompetas, y hasta es posible que pasara bastante vergüenza y se sintiera ridícula ante la mirada de los ricos, que echaban grandes donativos en el cepillo del templo y hacían alarde de ello. Sin embargo, su generosidad, que le llevó a sacar fuerzas de flaqueza en medio de su indigencia, mereció el elogio del Señor, que ve el corazón de las personas: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir» (Lc 21,3-4).

La generosidad de la viuda pobre es una buena lección para nosotros, los discípulos de Cristo. Podemos dar muchas cosas, como los ricos «que echaban sus donativos en el arca del Tesoro» (Lc 21,1), pero nada de eso tendrá valor si solamente damos “de lo que nos sobra”, sin amor y sin espíritu de generosidad, sin ofrecernos a nosotros mismos. Dice san Agustín: «Ellos ponían sus miradas en las grandes ofrendas de los ricos, alabándolos por ello. Aunque luego vieron a la viuda, ¿cuántos vieron aquellas dos monedas?... Ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca». Bien cierto: si somos generosos con Dios, Él lo será más con nosotros.

Santa Catalina de Alejandría, 25 de Septiembre

25 de noviembre


SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA
(+ s.IV?)



Los hombres no nacen santos. Ni santificados. Excepción hecha de la Virgen nuestra Madre, por sin igual privilegio concebida sin mancha, y de Juan Bautista, santificado en el seno de su madre, todos los mortales, después de Adán, arribamos a la vida por el puerto del pecado. De ahí que la historia de los santos ha descuidado con frecuencia la conservación de esta fecha. Los santorales, las monografías de los héroes del cristianismo cuando éste empezaba a ser, suelen consignar el año de su nacimiento seguido de un interrogante de duda, cuando no lo silencian por completo. Y si lo consignan con certeza, son todas las circunstancias que nos han guardado este dato, que en ningún caso (exceptuado Cristo) tiene razón de acontecimiento para la historia.

Todos los hombres nacemos, y el nacimiento no nos diferencia ni nos condiciona sin remedio. Los santos se han hecho y se hacen en una época, en un ambiente, en una familia que pueden haber facilitado su santificación, en muchos casos a pesar y precisamente por las dificultades que la época, el ambiente o la familia le brindaran.

Por el mero hecho de haber nacido, Dios nos llama a la santidad. Nos toca colaborar en el perfeccionamiento de nuestro ser en todas sus dimensiones.

De Catalina (en latín Catharina; Aecatharina en griego) no sabemos la fecha exacta de su nacimiento. Pero, a lo largo de los siglos, la leyenda se ha encargado de llenar piadosamente las lagunas de la historia.

A una de las desembocaduras del fertilizante Nilo, cuna de la historia, llegó un día vestido de laurel el poderoso dominador Alejandro Magno. Venía satisfecho de sus correrías triunfales por Siria y Palestina. Traía el recuerdo vivo de la majestuosa ciudad judía con el fastuoso templo de Yahvé. El brillo deslumbrante de los rabinos que enseñaban en las sinagogas, sólo comparable con la sabiduría abstracta de los filósofos atenienses, que la prodigaban en el Partenón y en las ágoras, le hizo concebir la idea de fundar una nueva ciudad—ángulo entre Atenas y Jerusalén—que perpetuara su nombre en el mundo de las letras: Alejandría, 332 antes de J. C.

Pocos años más tarde Tolomeo I Soter trasladará allí la capital del país y empezará a ser sede de las viejas culturas, "foco principal de la ciencia y del comercio de todo el Mediterráneo", lo mismo que Egipto (allí está emplazada) lo es de todas las civilizaciones: bastarían los 700.000 volúmenes de su biblioteca y sus 14.000 estudiantes simultáneos para justificar el renombre de su famosa Universidad (Museum en sus días y en los nuestros).

Atraídos por su doble fama: Puerto y Museum sobre un suelo fecundo, no tardaron en establecerse allí los nómadas de todos los pueblos. Los judíos, linces en la especulación y avaros de la ciencia, no fueron los últimos en llegar. Colonias de la Diáspora esparcidas por toda la nación, que habían quedado de los distintos cautiverios, fijaron aquí su residencia. Fieles a sus tradiciones y lectores asiduos de los Libros Sagrados, tenían en sus manos los elementos más puros de la verdadera filosofía. En esta tierra de momias y de pirámides, eminentemente religiosa, que cae de rodillas ante Osiris, dios de los muertos, y que presiente la inmortalidad de las almas; donde Jehová hablara a Moisés y condujera a su pueblo a través del desierto, no le sería difícil a los judíos ganar numerosos prosélitos.

Simpatizante al menos llegó a ser Tolomeo II, que hizo florecer el reino, influenciado desde sus principios por el pensamiento helenista, y mandó que setenta intérpretes tradujeran el Antiguo Testamento.

Aquí surgieron los auténticos representantes de la filosofía grecojudaica: Aristóbulo y Filón, empeñados en concordar la filosofía pagana con el Antiguo Testamento, presumieron ver en éste "la única fuente primordial de la ciencia y mitología griegas".

Por aquí pasó el neoplatónico Plotino con "su fuego de espiritualismo, sus concepciones abstrusas y su panteísmo emanatista". El que en frase de Fouillé "describe su Trinidad como si hubiera vivido en el cielo".

Esta es la patria histórica de Catalina. Este el origen sucesivo de Alejandría, rica y bella ciudad, faro potente y hermoso del Mediterráneo.

El año 30 antes de J. C., con el Imperio más poderoso que han conocido los siglos, pasa Egipto, como tantos otros pueblos, a ser provincia romana.

Y provincia romana seguía siendo cuando a finales del siglo III de la era cristiana paseaba sus calles abiertas una joven elegante, de sangre azul.

Estirpe real. La historia, la tradición, el arte y la leyenda están de acuerdo en transmitirnos este dato, como lo están en silenciar el nombre de sus progenitores.

Catalina frecuenta el Didascaleo, digno sucesor del antiguo Museum. Bebe allí las páginas eruditas de los viejos pergaminos. Aristóbulo, Filón, Plotino, son admirables y es elogioso su intento. No le convencen.

Ahora Alejandría está imbuida de cristianismo. No sabemos quién fuera su primer evangelizador. Según una tradición antigua, la Iglesia de Alejandría fue  fundada por San Marcos.

Clemente presidió el Didascaleo, la escuela catequística más importante desde finales del siglo II. En el mismo Didascaleo sentó cátedra el polígrafo Orígenes, "el hombre de diamante con siete taquígrafos", según frase, de Eusebio. Clemente y Orígenes habían proseguido la trayectoria tradicional de Alejandría: armonizar. Ahora armonizar el cristianismo con la filosofía clásica, procurando dar a la doctrina de la Iglesia una base científica.

La rudimentaria escuela de catecúmenos se había convertido en una verdadera escuela de teología cuando tomara la dirección de ella San Panteno.

San Dionisio de Alejandría había dado un carácter de palestra abierta al Didascaleo con sus actividades y discusiones públicas y sus luchas intelectuales frente a las persecuciones de Decio y Valeriano, que tanto le hicieron sufrir.

En este ambiente se desenvuelve la vida breve, pero pletórica de ilusión, de Catalina. Ella reflexiona, medita, compara, discute y se ilumina. Osiris y el buey Apis, toda la legendaria mitología egipcia arranca de sus labios sonrisas compasivas, cuando no irónicas, las más de las veces tristes. No puede creer en las almas muertas pegadas a cuerpos momificados. ¿Dónde está el poder de aquellos dioses, tan multiplicados como las aberraciones humanas y reducidos a simples figuras de piedra o a elementos sin vida de la naturaleza? ¿Dónde su fuerza y su virtud?

Le fascinan las ideas elevadas de Platón, que analiza a la luz de la razón en su inteligencia penetrante. No le satisfacen. Catalina es cristiana de corazón antes de recibir el bautismo. Tal vez está fresca todavía la impresión causada por Atanasio en el sínodo de la ciudad. En la escuela catequética oye las enseñanzas del obispo Pedro. Rechaza de plano la amarga ideología pagana. El Sermón de la Montaña cautiva su corazón delirado. Las parábolas del Evangelio son el encanto de su lozana juventud. Los milagros de Jesús y su testimonio incomparable la enardecen y entusiasman. Venera el ejemplo y heroísmo de los mártires del cristianismo, que fecunda y fertiliza la Iglesia viva de sus días y de todos los días. Y pese a la amenaza cobarde de emperadores lascivos y gobernantes verdugos, Catalina se hace bautizar.

Están en boga todavía las debatidas cuestiones escriturísticas, y litúrgicas planteadas por Anmonio de Sacas y Anatalio, obispo de Laodicea. Célebres son las controversias alejandrinas. Catalina, asidua discípula y maestra en ciernes, se permite sin duda opinar sobre las cuestiones que están en el tablero de los cristianos:

"¿En qué días se debe celebrar la Pascua? ¿Cuánto debe durar el ayuno pascual? ¿La conmemoración de la muerte de Cristo ha de ser motivo de duelo o de regocijo? ¿Comió Jesucristo el cordero pascual el 14 de Nisán, como todos los demás judíos, o el 13 por anticipación? ¿Qué día y a qué hora resucitó el Señor?"

Algunas de estas preguntas no han recibido todavía más que respuestas de opinión.

La ciencia, cuando lo es de verdad, no conoce la hora del exhibicionismo, ni los sabios tienen su tiempo para eso, sino para saber y para que los demás vivan de su ciencia. ¿Qué le importa a Catalina ni su fascinadora belleza física, ni su juventud deslumbrante, ni el oro de que se viste, ni la aristocracia regia de que puede presumir, ni siquiera su profunda filosofía, si no es para vencerse a sí misma y convencer a los que la halagan o persiguen? Ella no pretende ser otra cosa más que un resumen, una síntesis, una personificación de todas las armonías. Para eso se conserva virgen, con todas las renuncias que ello supone. Por eso y para eso renuncia a todas las satisfacciones que en bandeja de plata le brinda su sociedad y su alcurnia. Por eso y para eso renunciará si es preciso hasta al placer de vivir. ¿Pero es que acaso Cristo, Maestro y Esposo virginal, pudo hacer cosa más sublime que armonizar lo humano y lo divino? ¿Y no es precisamente Él la armonía más perfecta y más armónica del Universo? Y esto a golpes de la más absoluta renuncia.

La política de todos los tiempos siempre estuvo en desacuerdo con la política de todos los santos. Máxime entonces, edad fastuosa y apoteósica de Roma, con emperadores brutales, dominadores por la fuerza, creadora de leyes absurdas. Hombres voluptuosos, sentinas de la lujuria más descarada al amparo del oro, que ciega corazones, y de la espada, que rinde voluntades.

Al ocupar la silla imperial Diocleciano, amante de la "filosofía" y más amante de la comodidad, concibió la idea de desmembrar el Imperio: Oriente y Occidente, para aumentar su esplendor. En teoría más fácil de gobernar. A la larga una de las causas indiscutibles del derrumbamiento de Roma. Como coemperador con dominio en Occidente, tomó por socio a Maximiano. Constituía a la vez un doble jefe de Gobierno (en terminología actual): Galerio para Oriente a su lado. Constancio Cloro para Occidente. Ambos con el título de César. La autoridad quedaba prácticamente cuatripartida. Dos emperadores augustos, que por ser dos dejaban de serlo, y dos césares asociados.

Los primeros días fueron un respiro de paz para la Iglesia después de la larga época aciaga de sucesivas persecuciones. El veneno anticristiano había contagiado también a Galerio, y Galerio convenció a Diocleciano con argumentos sofísticos y pruebas falsificadas del mal que los cristianos ocasionaban a la unidad del Imperio. Galerio publica sucesivamente sus edictos de persecución (303-304), que exigen desde la entrega de libros sagrados, negación de derechos civiles a los cristianos y persecución del clero, hasta la condenación de todos los que no se postren ante los ídolos.

Así las cosas, Catalina anima, asiste, fortalece, conforta a los hermanos en la fe. Defiende en público y en privado la doctrina que profesa, envidia a los que han sido hallados dignos de padecer por Cristo y se siente orgullosa de llamarse y de ser cristiana.

Triunfaban entonces la virgen Inés, Marceliano y el papa Marcelino, y a su lado el artífice de su conversión, Pedro de Alejandría.

También España daba frutos sazonados. Bajo la mano extendida de Maximiano se doblaban—espigas maduras—el soldado Marcelo, Emeterio y Celedonio, Vicente, Fructuoso de Calahorra y Eulalia de Mérida.

Diocleciano y Maximiano abdican al mismo tiempo. Corre el año 305 y la sangre no ha dejado de correr. Maximino Daia gobierna ahora Siria y Egipto con los honores de César. Más tarde (308) ostentará los de Augusto.

Daia es una bestia cebada. Mujeres y sangre es su lema. Con tal de profanar doncellas no repara en crueldades. Corta orejas, narices, manos y otros miembros, y hasta saca los ojos.

Obispos, anacoretas, funcionarios públicos y sobre todo vírgenes son sus víctimas de cada hora.

El padre Urbel dice de él que "era un hombre semibárbaro, una fiera salvaje del Danubio que habían soltado en las cultas ciudades del Oriente".

No se le podía definir con más exactitud. Según Lactancio, el mundo era para él un juguete. Encaprichado en que todos sus súbditos sacrificaran a los ídolos, y todas las vírgenes y nobles matronas se rindieran a sus torpes pretensiones, abusa de los tormentos más crueles y refinados para salir con su empeño. Unos son arrojados al fuego devorador, otros sujetos con clavos que taladran y desgarran; quiénes se ven obligados a resistir las acometidas de las fieras hambrientas; algunos son violentamente precipitados al mar; muchos terminan en los calabozos, después de ser bárbaramente mutilados: Cyr, médico de Alejandría; Juan, soldado de Edesa; Atanasia con sus tres hijos: Teotiste, Teodosia y Eudoxia, trascienden las puertas celestiales ostentando la palma de la victoria.

Solamente Dorotea (algunos la han identificado con Catalina) supo resistir y superar el doble fuego de la brutalidad de Maximino. Cobarde en su excéntrica crueldad, ebrio de lascivia, le arrebata sus bienes y la condena al destierro.

Catalina, testigo mudo de tan sanguinaria iniquidad, no puede aguantar más. Ha ofrecido mil veces su sangre al Crucificado y no teme presentarse—carne limpia—ante la bestia devoradora. Tal vez ella, modesta y estudiosa, ha pasado desapercibida a las miradas lascivas del arrogante césar. Tal vez éste se ha visto derrotado por el porte noble y el aire aristocrático de la doncella. Acaso la fama de filósofo que aureola a Catalina haya contenido los ímpetus groseros del vampiro Daia.

Lo cierto es que, en un gesto victorioso de superación cristiana, Catalina se ha enfrentado con el césar, no sin antes invocar a la Reina de las vírgenes, paloma blanca de sus ensueños. Las puertas de palacio se abren a la que es descendiente de reyes. ¿Qué pasó allí?

Sin duda le puso en evidencia con argumentos claros de sana filosofía la falsedad de sus ídolos inconsistentes. Sin duda también le echó en cara la injusticia manifiesta de sus crímenes absurdos.

Maximino escucha sin palabras la elocuencia concentrada de Catalina, que se hace lenguas sobre la verdad única del único cristianismo.

Por primera vez ha bajado la vista humillada y ha refrenado sus garras la pantera indómita del imperio oriental. Las razones obvias, contundentes, la majestuosidad impávida de la filósofo, han derrocado su ignorante altanería.

"Me gustaría ver cómo te defiendes ante los sabios imperiales."

Catalina estaba preparada para el combate y acepta imperturbable el reto del césar. De sobra conocía ella la superficialidad de sus contrincantes, las sutilezas de sus argumentos, la inconsistencia del "Logos" de Filón y las falacias del seudomisticismo de Porfirio. Una leyenda piadosa refiere que un ángel la anima a discutir. Uno a uno, derrota a los cincuenta filósofos de la corte, deshace sus sofismas. Ellos, más elocuentes que su señor, se rinden a la evidencia luminosa de las pruebas irrefutables que presenta Catalina y se convierten unánimes al cristianismo.

Las actas de los mártires nos la presentan desde este momento en el calabozo. Dios endureció el corazón de Maximino, si es que aún podía endurecerse. Según una tradición reproducida en unas tablas de la escuela de Valladolid, del siglo vi, Catalina sale de la cárcel y comparece ante el juez, con quien disputa sobre la unidad y trinidad en Dios.

Comprobada la invencible consistencia de sus fundamentadas convicciones, es condenada al suplicio de una rueda de cuchillos. Inútilmente. La fuerza inquebrantable de la fe hace saltar en pedazos las afiladas navajas, que hieren de muerte a los propios verdugos. Atestigua la tradición que la misma emperatriz, seguida de Porfirio, coronel del ejército, y de doscientos soldados, abrazaba entonces la fe para morir al filo de la espada.

El instinto brutal y ciego de Daia se desorbita. No tolera la existencia de su serena vencedora.

Un hachazo de rabia secciona la cerviz de la filósofo. Catalina recaba definitivamente la victoria.

No falta la leyenda que haga fluir leche de su cabeza en lugar de sangre. El amor no entiende de colores.

El artista de Valladolid en el magnífico retablo de Palencia de Negrilla (Salamanca) hace bajar a la Virgen para velar su cadáver.

Sus restos se guardan y veneran en el monte Sinay. El martirologio romano refiere que fueron los ángeles quienes la llevaron en triunfo.

Oriente y Occidente invocan su valiosa protección. Los aficionados a saber la aclaman como patrona. Bélgica le levanta templos y le dedica altares. También España venera su imagen.

JOAQUÍN GONZÁLEZ VILLANUEVA

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Qué es María? Amor

¿Qué es María? Amor

Este amor que sube hasta Dios y, por lo tanto, tiene toda la gratitud de una creatura, toda la profundidad de una madre.
Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net




Dios es amor. 

María Santísima es también amor. Podríamos decir que María es el lado misericordioso y tierno del amor de Dios. "Tú sola, Virgen María, le curas a Dios de todas las heridas que le hacemos los hombres. Por ti sola valió la pena la redención, aunque, afortunadamente, hay otras y otros que se han tomado en serio la redención".

Este amor tuyo que, por un lado, sube hasta Dios y, por lo tanto, tiene toda la gratitud de una creatura, toda la profundidad de una madre, toda la pureza de una virgen; por otro lado, se dirige a nosotros, hacia la tierra, hacia tus hijos. Cómo me impresionó -y aparte al principio no lo creí- leer aquellas palabras de San Alfonso María de Ligorio: "Si juntáramos el amor de todos los hijos a sus madres, el de todas las madres a sus hijos, el de todas las mujeres a sus maridos, el de los santos y los ángeles a sus protegidos: todo ese amor no igualaría al amor que María tiene a una sola de nuestras almas".

Primero, no lo creí porque era demasiado grande para ser cierto. Hoy, lo creo, y posiblemente estas palabras de San Alfonso se quedaron cortas.

Yo me pregunto: si uno de veras cree en este amor que le tiene María Santísima como madre ¿podrá sentirse desgraciado? ¿Podrá sentirse desesperado? ¿Podrá vivir una vida sin alegría, sin fuerza, sin motivación? ¿Podrá alguna vez, en su apostolado, llegar a decir "no puedo, me doy"? ¿Podrá algún día decir : "renuncio al sacerdocio y lo dejo"? Si Cristo, por nosotros, dio su sangre, su vida, ¿qué no dará la Santísima Virgen por salvarnos? Ella ha muerto crucificada, espiritualmente, por nosotros. A Cristo le atravesaron manos y pies por nosotros; a ella una espada le atravesó el alma, por nosotros. Si Él dijo: "He ahí a tus hijos" ¿cómo obedece la Santísima Virgen a Dios? Entonces, cuánto nos tiene que amar. Y si somos los predilectos de su hijo: "vosotros sois mis amigos", somos también los predilectos de Ella.

El amor de María llena nuestro corazón, debe llenarlo. El amor de una esposa no es el único que puede llenar el corazón de un hombre como yo. El amor de María Santísima es muchísimo más fuerte, rico, tierno, confortante, que el de todas las esposas de la tierra. El amor de mi madre celestial llena, totalmente, mi corazón. Una mirada, una sonrisa de María Santísima, me ofrecen más que todo lo que pueden darme todas la mujeres de la tierra juntas.

¿Cuál debe ser mi respuesta a tan grande y tierno amor?

Aquella expresión que el Papa Juan Pablo II nos decía: "Luchando como María y muy juntos a María", que le repitan siempre: "totus tuus".

Sin pedírselo, Satanás me sigue a todas partes: a la calle, a mi cuarto, de vacaciones, de fin de semana, a mi apostolado, y su presencia es maléfica. ¿Por qué no llevarme a todas partes a la Santísima Virgen? En el pensamiento, en el corazón, y también, en una imagen, en un cuadro: su presencia es benéfica. 

Yo tengo en mi despacho y en mi cuarto una imagen de la Santísima Virgen. Con mucha frecuencia la miro, con mucha frecuencia le hablo y, también, la escucho. Siento su presencia y su amor a través de esa imagen.

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