domingo, 3 de enero de 2021

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Sea siempre agradecido


 Sea siempre agradecido

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

 Usted es un ser afortunado y por eso debe dar gracias, siempre gracias por lo inmensamente rico que es. Es tanto lo bueno que tiene: salud, familiares que le quiere, amigos que se preocupan por usted. Tantas cosas buenas, pero sobre todo tiene el don de la Presencia de Dios en su alma, lo cual tiene un valor incalculable e infinitamente valioso.

En realidad somos inmensamente ricos, pero somos tan inconscientes que no valoramos nuestros haberes positivos y por lo tanto no los aprovechamos y disfrutamos completamente. Sin embargo, nos quejamos todo el tiempo, somos una máquina de quejas y por eso andamos tristes y malhumorados.

Si diariamente hiciéramos un recuento de todo lo bueno que tenemos y diéramos gracias a Dios, así como a las personas que nos han ayudado a ser lo que somos, seríamos muy felices. Uno es más feliz en la medida en que es más agradecido. No espera a mañana, haga hoy un recuento de las cosas buenas que posee. Adquiera el saludable hábito de hacer un recuento diario de sus haberes positivos y se asombrará de su inmensa riqueza personal.

Bienaventurados los que tienen espíritu de gratitud porque llevarán la felicidad donde quiera que vayan. Agradezca todo lo bueno que hagan por usted, diga gracias por todo y a todos. Admire las cosas buenas de la vida; enseñe a otros a ser agradecidos, a descubrir lo que usted está viviendo; no con afán exhibicionista, sino con el sano propósito de que descubran la belleza real de la vida.

Para penetrar en la belleza de la vida debe usted:

1.- Purificar su visión negativa de la vida: Admire lo bueno, aparte de usted todo lo negativo, recuerde que proyectamos lo que percibimos.

2.- Saber alabar: Conviértase en el poeta de lo lindo que hay en la vida. Cante las maravillas de la naturaleza, de la grandeza de Dios, de sus semejantes. Alabe siempre.

3.- Agradecer todo lo bueno que hagan por usted: Diga gracias por todo y a todos, recuerde que la gratitud es la memoria del alma buena.

Como pueden ver, hay un buen número de formas en que podemos cambiar nuestra vida. Por supuesto, esto es si así lo deseamos; si lo llevamos a cabo y claro que podemos llevarlo a cabo si tenemos presente que con Dios somos Invencibles.


Lectura Breve Hb 1, 1-2


 Lectura Breve Hb 1, 1-2

A través de muchas etapas y de muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros antepasados por ministerio de los profetas; en estos tiempos, que son los últimos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien ha constituido heredero de todas las cosas y por quien creó los mundos.

sábado, 2 de enero de 2021

Santo Evangelio 2 de Enero 2021

 



 Texto del Evangelio (Jn 1,19-28): 

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron adonde estaba él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

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«En medio de vosotros está uno (…) que viene detrás de mí»

Mons. Romà CASANOVA i Casanova Obispo de Vic

(Barcelona, España)

Hoy, en el Evangelio de la liturgia eucarística, leemos el testimonio de Juan el Bautista. El texto que precede a estas palabras del Evangelio según san Juan es el prólogo en el que se afirma con claridad: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14). Aquello que en el prólogo —a modo de gran obertura— se anuncia, ahora en el Evangelio, paso a paso, se manifiesta. El misterio del Verbo encarnado es misterio de salvación para la humanidad: «La gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo» (Jn 1,17). La salvación nos viene por Jesucristo, y la fe es la respuesta a la manifestación de Cristo.

El misterio de la salvación en Cristo está siempre acompañado por el testimonio. Jesucristo mismo es el «Amén, el Testigo fiel y veraz» (Ap 3,14). Juan Bautista es quien da testimonio, con su misión y mirada de profeta: «En medio de vosotros está uno (…) que viene detrás de mí» (Jn 1,26-27). Y los Apóstoles así entienden la misión: «A este Jesús, Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hch 2,32).

La Iglesia toda ella, y por tanto todos sus miembros, tenemos la misión de ser testigos. El testimonio que nosotros traemos al mundo tiene un nombre. El Evangelio es el mismo Jesucristo. Él es la “Buena Nueva”. Y la proclamación del Evangelio a lo largo de todo el mundo hay que entenderla también en clave de testimonio que une inseparablemente el anuncio y la vida. Es conveniente recordar aquellas palabras del papa Pablo VI: «El hombre contemporáneo escucha mejor a quienes dan testimonio que a quienes enseñan (…), o, si escuchan a quienes enseñan, es porque dan testimonio».


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