sábado, 2 de enero de 2021

Se siente viejo... ¡Cuidado!

 


Se siente viejo... ¡Cuidado!

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Una de las cosas que usted tiene que vigilar, quizás con más atención que el peso, los ingresos económicos y los líos del mundo, es su actitud ante la edad, sobre todo ante la tercera edad. Pasa usted de los sesenta o está llegando allí y ya se siente viejo, cansado, acabado... ¡Cuidado! No malogre lo que le queda de vida con una sicología de "viejo". No diga: "Ya estoy viejo", "no sirvo para nada". Viejo se pone el carro, un mueble, el pantalón, los zapatos. Esas son cosas que se deterioran y cuando no sirven, se "tiran" y se acabó. Pero usted no es una cosa. Usted es una persona: espíritu, alma y cuerpo. 

Es normal que venga el desgaste físico al paso de los años. Ya no puede correr como cuando tenía 20 años. Ni quizás levantar los pesos como hace treinta años. Pero es porque su organismo físico tiene una limitación en el tiempo y el desgaste es normal. Pero su espíritu, su alma son eternamente jóvenes. No hay desgaste. Son realidades espirituales que no pueden ser golpeadas por el tiempo ni por el espacio. En ellas se refleja con más pureza la grandeza y eternidad de Dios, de quien provenimos. Somos hechos a imagen y semejanza de Él. Y con el alma joven, con el espíritu siempre recién hecho, usted puede reír, cantar, hablar y pensar positivamente; amar, perdonar, jugar, sentir, vibrar, apreciar lo hermoso de la vida y sentirse y ser joven siempre, con sus ochenta o noventa años. O sus cincuenta, porque algunos tristemente creen que llegar allí es prepararse para la decadencia. No hay decadencia en el ser humano. No existe eso en lo profundo del ser, allí donde está nuestro yo interior. El alma puede ser siempre vigorosa, firme, ágil, liviana, lúcida, iluminada, despierta, feliz. Usted puede experimentar el desgaste físico, pero mantenerse siempre así: joven y lleno de vida 

Pero si usted se acompleja, si compara su rostro con ciertas arrugas con el de ese joven o aquella muchacha, si está siempre lamentándose: "Si tuviera veinte años de nuevo"... Si está añorando tiempos idos, si está arrinconándose, si le da pena decir la edad, si está siempre expresando que es un viejo, que ya no hay nada que hacer, está desperdiciando una época de su vida que podría ser maravillosa, porque su alma no envejece. Su alma no se desgasta. 

Hoy le aconsejamos a usted. Entre en contacto con el Dios de la vida, con Jesús Nuestro Señor. Él quiere darle vida en abundancia. Renovar su alma, hacerle nacer de nuevo, rejuvenecer su vida y hacerle sonreír. Él puede transformarlo y hacerle ver su realidad más profunda: que usted siempre es joven, porque su alma, su espíritu están hechos a imagen y semejanza de Dios. Y no se olvide... ¡CON DIOS, SOMOS INVENCIBLES!

El mundo brilla de alegría.

 


El mundo brilla de alegría.

Se renueva la faz de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Esta es la hora

en que rompe el Espíritu

el techo de la tierra,

y una lengua de fuego innumerable

purifica, renueva, enciende, alegra

las entrañas del mundo.


Esta es la fuerza

que pone en pie a la Iglesia

en medio de las plazas

y levanta testigos en el pueblo,

para hablar con palabras como espadas

delante de los jueces.


Llama profunda,

que escrutas e iluminas

el corazón del hombre:

restablece la fe con tu noticia,

y el amor ponga en vela la esperanza,

hasta que el Señor vuelva.

viernes, 1 de enero de 2021

Santo Evangelio 1 de Enero 2021

  


Texto del Evangelio (Lc 2,16-21): 

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

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«Los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre»


Rev. D. Manel VALLS i Serra

(Barcelona, España)

Hoy, la Iglesia contempla agradecida la maternidad de la Madre de Dios, modelo de su propia maternidad para con todos nosotros. Lucas nos presenta el “encuentro” de los pastores “con el Niño”, el cual está acompañado de María, su Madre, y de José. La discreta presencia de José sugiere la importante misión de ser custodio del gran misterio del Hijo de Dios. Todos juntos, pastores, María y José, «con el Niño acostado en el pesebre» (Lc 2,16) son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

“El pesebre”: Jesús ya está ahí puesto, en una velada alusión a la Eucaristía. ¡Es María quien lo ha puesto! Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Nueva, verdaderos evangelizadores que pueden dar «a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño» (Lc 2,17).

Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Cristo: «Todos los que lo oyeron se maravillaban» (Lc 2,18). Hemos de pedir la gracia de saber suscitar este “maravillamiento”, esta admiración en aquellos a quienes anunciamos el Evangelio.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20). La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce hasta la plegaria de alabanza y de acción de gracias, a la glorificación del Señor.

María, maestra de contemplación —«guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19)— nos da Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”. Su nombre es también nuestra Paz. ¡Acojamos en el corazón este sagrado y dulcísimo Nombre y tengámoslo frecuentemente en nuestros labios!


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Entonad los aires



 Entonad los aires

con voz celestial:

«Dios niño ha nacido

pobre en un portal.»


Anúnciale el ángel

la nueva al pastor,

que niño ha nacido

nuestro Salvador.


Adoran pastores

en sombras al Sol,

que niño ha nacido,

de una Virgen, Dios.


Haciéndose hombre,

al hombre salvó;

un niño ha nacido,

ha nacido Dios. Amén.

Lectura Breve Mi 5, 3. 4. 5a

 


Lectura Breve Mi 5, 3. 4. 5a

El jefe de Israel los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz.Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. Él se alzará y pastoreará el rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios; y él será nuestra paz.

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