lunes, 2 de julio de 2018

Cómo será la Virgen


Cómo será la Virgen

Antonio Rodríguez  Mateo
  

Cómo será la belleza
de Santísima María.
Cómo plasmar tanta pureza,
con qué pluma se podría.
Quién describirla pudiera,
por mucha su fantasía,
si nunca jamás consiguiera,
pintar a la luz del día.

La hermosura de su cara,
qué pincel la pintaría,
y a su alma inmaculada,
en qué color se haría.
Sus purísimas entrañas,
qué vestido las cubriría,
si es Reina e Inmaculada,
desde antes que nacía.

¿Sus lágrimas cómo serán,
de puras y cristalinas,
y sus pestañas ocultarán, 
mirada tan divina?.
¿A sus labios los entreabrirán,
la más dulcísima sonrisa,
y los cabellos brillarán,
como nadie se imagina?.

Qué decir de su vientre,
Sagrario de Jesús,
no acierta mi mente
a ver tantísima luz;
o manto omnipresente
de amparo y plenitud,
hacia nosotros su gente,
por su inmensa gratitud.

Cómo serán sus ojos,
cómo serán sus cejas,
y el óvalo de su rostro,
de inmaculada pureza.
Dónde habría otro,
que acaso se pareciera,
sería yo necio o loco,
si esto último creyera.

LECTURA BREVE 1Pe 1, 17-19


LECTURA BREVE   1Pe 1, 17-19

Tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron, no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha.

domingo, 1 de julio de 2018

Santo Evangelio 1 de julio 2018



Día litúrgico: Domingo XIII (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 5,21-43): En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía. 

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad». 

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.


«Solamente ten fe»

Fray Valentí SERRA i Fornell 
(Barcelona, España)

Hoy, san Marcos nos presenta una avalancha de necesitados que se acerca a Jesús-Salvador buscando consuelo y salud. Incluso, aquel día se abrió paso entre la multitud un hombre llamado Jairo, el jefe de la sinagoga, para implorar la salud de su hijita: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva» (Mc 5,23).

Quién sabe si aquel hombre conocía de vista a Jesús, de verle frecuentemente en la sinagoga y, encontrándose tan desesperado, decidió invocar su ayuda. En cualquier caso, Jesús captando la fe de aquel padre afligido accedió a su petición; sólo que mientras se dirigía a su casa llegó la noticia de que la chiquilla ya había muerto y que era inútil molestarle: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» (Mc 5,35).

Jesús, dándose cuenta de la situación, pidió a Jairo que no se dejara influir por el ambiente pesimista, diciéndole: «No temas; solamente ten fe» (Mc 5,36). Jesús le pidió a aquel padre una fe más grande, capaz de ir más allá de las dudas y del miedo. Al llegar a casa de Jairo, el Mesías retornó la vida a la chiquilla con las palabras: «Talitá kum, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’» (Mc 5,41).

También nosotros debiéramos tener más fe, aquella fe que no duda ante las dificultades y pruebas de la vida, y que sabe madurar en el dolor a través de nuestra unión con Cristo, tal como nos sugiere el papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi (Salvados por la esperanza): «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito».

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La fe, es decir la fidelidad, la confianza en Dios nos salva


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LA FE, ES DECIR, LA FIDELIDAD, LA CONFIANZA EN DIOS NOS SALVA

Por Gabriel González del Estal

1.- Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él… y le dijo: “no temas, basta con que tengas fe”. Jairo, el jefe de la sinagoga judía, tenía fe en el profeta de Galilea; confiaba en él y por eso le siguió hasta donde estaba su hija. Es claro que estaba dispuesto a hacer por la vida de su hija lo que Jesús le pidiera. La fe en Jesús del padre de la niña, su confianza en Jesús, fue lo que salvó la vida de la hija de Jairo. Nosotros, en los tiempos en los ahora vivimos, sabemos que la fe en Jesús no siempre salva la vida material de una persona, aunque se lo pidamos insistentemente. Pero también sabemos que Dios siempre va a dar al que se lo pide con fe lo que más convenga para el alma por el que pedimos. Dios siempre nos da a todos lo que más nos conviene, cuando se lo pedimos con fe. Si hemos dicho tantas veces que Dios es nuestro Padre, tenemos que creer que nos da siempre lo que más nos conviene. Esto es algo que debemos creer todos los cristianos, aunque en la vida real y diaria no veamos esto confirmado empíricamente. Nuestra fe no es una cuestión empírica, sino una actitud religiosa ante Dios. Tengamos fe en Jesús, fe en Dios, confianza y fidelidad a Dios, aunque científicamente no podamos demostrar lo que creemos.

2.- Una mujer que tenía flujos de sangre desde hacía doce años… oyó hablar de Jesús y acercándose por detrás le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias. Jesús le dijo: “hija, tu fe te ha curado, vete en paz y con salud”. Ni los mismos discípulos de Jesús podían creer a la hemorroísa. No debe extrañarnos, porque tampoco nosotros creemos fácilmente los milagros que algunas personas nos cuentas de determinados peregrinos que vienen de Lourdes, o cualquier otro santuario mariano. Tenemos que insistir: entre fe religiosa y razón empírica no siempre hay una conexión lógica. Los sentimientos y las creencias de una persona religiosa pueden llegar más lejos que su razón empírica. El gran sabio Pascal lo sabía y por eso dio a sus sentimientos y creencias unas dimensiones superiores a las de su razón y lo mismo le pasó al gran filósofo converso al catolicismo Manuel García Morente. Respetemos, pues, las creencias religiosas de las personas, aunque muchas veces no podamos compartirlas. Pero, por supuesto, procuremos que nuestras creencias religiosas sean, al menos, razonables ante los demás.

3.- Dios no hizo la muerte, ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera. Este libro de la Sabiduría es un libro tardío en la Biblia, escrito en la Diáspora, ya originalmente en griego. En este libro se afirma ya sin rodeos la fe en la inmortalidad del ser humano; el cuerpo, evidentemente, se corrompe en el sepulcro, pero el alma fiel al Señor vive ya para siempre junto a Dios. Para el autor del libro de la Sabiduría la fe en la Resurrección es una fe consoladora, como lo fue ya para los filósofos griegos Sócrates y Platón, y, con mucho más fuerza aún para san Pablo. También debe serlo para nosotros. Nuestra fe en la Resurrección debe llenarnos de esperanza cristiana y de amor agradecido a Dios y a Jesucristo. Un cristiano debe ser siempre una persona llena de esperanza, con una esperanza que le permita superar las dificultades que la vida presente le pueda presentar. Todos los grandes santos fueron en su vida testigos firmes de la esperanza en la resurrección cristiana; seámoslo también nosotros, porque sabemos que nuestro Dios es un Dios amante de la vida.

4.- Hermanos: distinguíos también ahora por vuestra generosidad, porque ya sabéis lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo. La dimensión social de la doctrina paulina, cuando predica la generosidad, como hace hoy en esta carta a los Corintios, es algo que no podemos olvidar hoy ningún cristiano. El cristiano no puede vivir pensando solo en sí mismo, debe vivir siempre pensando en los demás. Vivimos nosotros ahora, como ocurría en tiempos de san Pablo, en un mundo injusto y tremendamente desigual: hay ricos riquísimos y pobres pobrísimos. Condenemos este mundo tan injusto no sólo con nuestras palabras, sino también con nuestra vida y con nuestras acciones. La falta de caridad en este mundo tan desigual es, casi siempre, también una falta de justicia. Ya decía san Agustín que el dinero que sobra a los ricos es dinero de los pobres. Caridad y justicia no sólo no son virtudes contrarias, sino que deben ir siempre unidas. Así fue el pensamiento y el ejemplo de las primeras comunidades cristianas.

LECTURA BREVE Rm 15, 5-7


LECTURA BREVE   Rm 15, 5-7

El Dios que es fuente de esa paciencia y de ese ánimo os conceda tener un mismo sentir entre vosotros según la mente de Cristo Jesús. Así con un mismo corazón y una misma boca daréis gloria al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso acogeos amigablemente unos a otros, como Cristo os acogió para gloria de Dios.

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