sábado, 2 de julio de 2016

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Consuelo de los afligidos



Consuelo de los afligidos

Hoy se buscan calmantes, pastillas contra el dolor, porque el dolor se ha multiplicado por todas partes. Cuando no son las enfermedades del cuerpo, son las tribulaciones del alma. El hombre de hoy, tú y yo, requerimos como algo urgente la mano que acaricia, el rostro que se inclina hacia nuestro dolor, el corazón que compadece y suaviza el sufrimiento. Necesitamos las manos, el rostro, el corazón de María. A todos los que sufren sin esperanza vayamos a decir que tienen una Madre, que los ama mucho..... 

Bendita eres entre todas las mujeres








  • Bendita eres Madre entre todas las mujeres de la tierra porque de tus entañas nos has traido al mismo Dios, Salvador único de toda la humanidad.

    1. Dios te salve María...

    viernes, 1 de julio de 2016

    Santo Evangelio 1 de Julio 2016


    Día litúrgico: Viernes XIII del tiempo ordinario

    Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

    «Sígueme»
    + Rev. D. Pere CAMPANYÀ i Ribó 
    (Barcelona, España)


    Hoy, el Evangelio nos habla de una vocación, la del publicano Mateo. Jesús está preparando el pequeño grupo de discípulos que han de continuar su obra de salvación. Él escoge a quien quiere: serán pescadores, o de una humilde profesión. Incluso, llama a que le siga un cobrador de impuestos, profesión menospreciada por los judíos —que se consideraban perfectos observantes de la ley—, porque la veían como muy cercana a tener una vida pecadora, ya que cobraban impuestos en nombre del gobernador romano, a quien no querían someterse.

    Es suficiente con la invitación de Jesús: «Sígueme» (Mt 9,9). Con una palabra del Maestro, Mateo deja su profesión y muy contento le invita a su casa para celebrar allí un banquete de agradecimiento. Era natural que Mateo tuviera un grupo de buenos amigos, del mismo “ramo profesional”, para que le acompañaran a participar de aquel convite. Según los fariseos, toda aquella gente eran pecadores reconocidos públicamente como tales.

    Los fariseos no pueden callar y lo comentan con algunos discípulos de Jesús: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» (Mt 9,10). La respuesta de Jesús es inmediata: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal» (Mt 9,12). La comparación es perfecta: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).

    Las palabras de este Evangelio son de actualidad. Jesús continúa invitándonos a que le sigamos, cada uno según su estado y profesión. Y seguir a Jesús, con frecuencia, supone dejar pasiones desordenadas, mal comportamiento familiar, pérdida de tiempo, para dedicar ratos a la oración, al banquete eucarístico, a la pastoral misionera. En fin, que «un cristiano no es dueño de sí mismo, sino que está entregado al servicio de Dios» (San Ignacio de Antioquía).

    Ciertamente, Jesús me pide un cambio de vida y, así, me pregunto: ¿de qué grupo formo parte, de la persona perfecta o de la que se reconoce sinceramente defectuosa? ¿Verdad que puedo mejorar?

    © evangeli.net M&M Euroeditors | 

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    ¡Santa María, Madre de Dios!



    ¡Santa María, Madre de Dios!
    Queremos consagrarnos a ti.
    Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra.
    Porque tu Hijo Jesús nos confió a ti.
    Porque has querido ser Madre de la Iglesia.
    Nos consagramos a ti:
    Los obispos, que a imitación del Buen Pastor
    velan por el pueblo que les ha sido encomendado.
    Los sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu.
    Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida
    por el Reino de Cristo.
    Los seminaristas, que han acogido la llamada del Señor.
    Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus familias.
    Los seglares comprometidos en el apostolado. 
    Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva. 
    Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano.
    Los enfermos, los pobres, los encarcelados, 
    los perseguidos, los huérfanos, los desesperados, 
    los moribundos.
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