martes, 17 de octubre de 2017

Santo Evangelio 17 de octubre 2017



Día litúrgico: Martes XXVIII del tiempo ordinario  

Texto del Evangelio (Lc 11,37-41): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».


«Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros»
Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez 
(Rubí, Barcelona, España)


Hoy, el evangelista sitúa a Jesús en un banquete: «Un fariseo le rogó que fuera a comer con él» (Lc 11,37). ¡En buena hora tuvo tal ocurrencia! ¡Qué cara debió poner el anfitrión cuando el invitado se saltó la norma ritual de lavarse (que no era un precepto de la Ley, sino de la tradición de los antiguos rabinos) y además les censuró contundentemente a él y a su grupo social!. El fariseo no acertó en el día, y el comportamiento de Jesús, como diríamos hoy, no fue “políticamente correcto”.

Los evangelios nos muestran que al Señor le importaba poco el “qué dirán” y lo “políticamente correcto”; por eso, pese a quien pese, ambas cosas no deben ser norma de actuación de quien se considere cristiano. Jesús condena claramente la actuación propia de la doble moral, la hipocresía que busca la conveniencia o el engaño: «Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad» (Lc 11,39). Como siempre, la Palabra de Dios nos interpela sobre usos y costumbres de nuestra vida cotidiana, en la que acabamos convirtiendo en “valores” patrañas que intentan disimular los pecados de soberbia, egoísmo y orgullo, en un intento de “globalizar” la moral en lo políticamente correcto, para no desentonar y no quedar marginados, sin que importe el precio a pagar, ni como ennegrezcamos nuestra alma, pues, a fin de cuentas, todo el mundo lo hace.

Decía san Basilio que «de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Si somos testigos de Cristo, hemos de saber que la verdad siempre es y será verdad, aunque lluevan chuzos. Esta es nuestra misión en medio de los hombres con quienes compartimos la vida, procurando mantenernos limpios según el modelo de hombre que Dios nos revela en Cristo. La limpieza del espíritu pasa por encima de las formas sociales y, si en algún momento nos surge la duda, recordemos que los limpios de corazón verán a Dios. Que cada uno elija el objetivo de su mirada para toda la eternidad.

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Amor de Madre


Amor de Madre 

Padre Eusebio Gómez Navarro OCD  


Existe en la catedral de Exeter - capital del condado de Devon, antigua capital del reino de Wessex- las figuras de dos pequeños juglares tallados en la ménsula del capitel que corona una columna de la nave: son el pequeño violinista callejero y el acróbata que se sostiene, verticalmente, sobre su cabeza como base. Enfrente, en la otra parte de la nave, sobre la correspondiente columna, se destaca el relieve de la imagen de la Virgen Santísima con su divino Hijo en brazos. Se ve claramente la relación entre los dos relieves de las dos columnas de la parte norte de la nave: los dos juglares festejan evidentemente a Nuestra Madre y Señora.

Excusado es decir que tales figuras representan a lo vivo la leyenda del "juglar de la Virgen". Era éste un juglar y bailarín que se proponía alabar y servir a Dios con su oficio. Pero se veía despreciado de todo el mundo porque era un pobre infeliz y tan ignorante, que no sabía leer, ni siquiera rezar. Un día se fue a una iglesia y se dirigió al altar de la Virgen María. Se aligeró de sus vestidos y se puso a bailar.

-Señora - le dijo a María-, yo no sé cantar, ni leer bellas cosas para ti; pero sí puedo escoger lo mejor de mi repertorio para jugar y bailar en tu presencia. Ahora permíteme, Señora, que yo sea como el ternero que salta y brinca de gozo delante de su madre. Señora, pues eres dulce y amable para aceptar al que quiere servirte de verdad, sabe que, aunque sea yo tan pobre e infeliz como el que más, todos mis esfuerzos son exclusivamente para ti.

Y en seguida comenzó a saltar delante de ella, primero con saltos bajos y cortos; luego dando grandes brincos; ahora por debajo, ahora por encima del altar, haciéndole a la Virgen graciosos saludos y dando volteretas en el aire.

-Señora -le dijo-, tú eres todo mi gozo. Tú llenas de gozo a todo el mundo, iluminas todo el mundo y lo enciendes con tu amor.

Hasta que un día, agotado, murió a sus pies el pobre "juglar de la Virgen". La leyenda termina con estas palabras: "En buena hora bailó; en buena hora alabó y sirvió a la Virgen; en buena hora ganó así tal honor, que ningún otro se le puede comparar."

Sólo el amor hace cantar y danzar. Según afirma H.U. von Baltasar-, “sólo el amor es creíble”. Sin amor hasta la unidad no hay credibilidad. Y he aquí por qué María “nos indica el camino”. Por que María es, ( Cardenal F.X. Nguyen van Thuan):

- Amor acogido 
- Amor correspondido 
- Amor compartido 

Es Amor acogido porque, a lo largo de toda su vida, María recibe todo de Dios. Aquí radica la grandeza de su misión, que misteriosamente se prolonga en la Iglesia: todo tiene su origen en el Señor, viene de lo alto. Y la Virgen acoge. 

Es Amor correspondido porque colmada de la gracia de Dios, María, con todo su ser, responde a Dios. No hay nada en ella que no sea don de sí, adhesión al designio de Dios, elección de Él. 

Es Amor compartido porque, aunque es toda de Dios, María no es ajena al mundo. Al contrario, para ella el mundo es el lugar donde Dios encuentra al hombre, donde se espera a Aquel que “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo”. Mirémonos, junto con toda la Iglesia, en aquella que es la “tierra del Incontenible”: la que acoge la salvación y la comparte. 

María es una mujer de fe, esperanza y amor. En uno de los pasajes del Evangelio donde podemos ver más claro ese amor de María por los demás es el de Caná. 

Maria asiste a las bodas de Caná con Jesús. En un momento se da cuenta del apuro de los esposos y siente compasión. María conocía a su Hijo y sin dar más vueltas le pide un milagro. Jesús atiende la indicación de su Madre y se realiza el primer milagro de la vida de Jesús. 

María es Madre de la Misericordia. Los Santos Padres afirman que Jesús dejó a Maria el reinado de su misericordia. La misericordia de María resplandece en las bodas de Caná y en nuestra vida. 

María, con instinto de madre, sabe de dificultades y de horas de tormenta. Ella sabe guiar, consolar, apuntar a Jesús para que no falte el vino al final de cada jornada y cuando el cansancio aprieta. Los Santos llaman a María la Omnipotencia suplicante. No porque tenga poder infinito. Sino porque con su intercesión, la Virgen lo consigue todo. Su poder de intercesión resplandece magníficamente en las bodas de Caná. No importan los problemas, ni los peligros, ni las necesidades, ella es Madre de Jesús y Madre nuestra, ella es puente y canal de gracia. 



LECTURA BREVE Dt 30, 11. 14


LECTURA BREVE   Dt 30, 11. 14

El precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; el mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.

lunes, 16 de octubre de 2017

Santo Evangelio 16 octubre 2017


Día litúrgico: Lunes XXVIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».


«Esta generación es una generación malvada; pide una señal»
P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP 
(San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)


Hoy, la voz dulce —pero severa— de Cristo pone en guardia a los que están convencidos de tener ya el “billete” para el Paraíso solamente porque dicen: «¡Jesús, qué bello que eres!». Cristo ha pagado el precio de nuestra salvación sin excluir a nadie, pero hay que observar unas condiciones básicas. Y, entre otras, está la de no pretender que Cristo lo haga todo y nosotros nada. Esto sería no solamente necedad, sino malvada soberbia. Por esto, el Señor hoy usa la palabra “malvada”: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás» (Lc 11,29). Le da el nombre de “malvada” porque pone la condición de ver antes milagros espectaculares para dar después su eventual y condescendiente adhesión.

Ni ante sus paisanos de Nazaret accedió, porque —¡exigentes!— pretendían que Jesús signara su misión de profeta y Mesías mediante maravillosos prodigios, que ellos querrían saborear como espectadores sentados desde la butaca de un cine. Pero eso no puede ser: el Señor ofrece la salvación, pero sólo a aquel que se sujeta a Él mediante una obediencia que nace de la fe, que espera y calla. Dios pretende esa fe antecedente (que en nuestro interior Él mismo ha puesto como una semilla de gracia).

Un testigo en contra de los creyentes que mantienen una caricatura de la fe será la reina del Mediodía, que se desplazó desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y resulta que «aquí hay algo más que Salomón» (Lc 11,31). Dice un proverbio que «no hay peor sordo que quien no quiere oír». Cristo, condenado a muerte, resucitará a los tres días: a quien le reconozca, le propone la salvación, mientras que para los otros —regresando como Juez— no quedará ya nada qué hacer, sino oír la condenación por obstinada incredulidad. Aceptémosle con fe y amor adelantados. Le reconoceremos y nos reconocerá como suyos. Decía el Siervo de Dios Don Alberione: «Dios no gasta la luz: enciende las lamparillas en la medida en que hagan falta, pero siempre en tiempo oportuno».

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Amor de Jesús al darnos a Su Madre



Amor de Jesús al darnos a Su Madre

Padre Mariano de Blas, L.C.

Pentecostés fue un evento importantísimo para la Iglesia, y los protagonistas fueron el Espíritu Santo y, en segundo lugar, la Santísima Virgen. Ella reunió a la primitiva Iglesia formada por los apóstoles y la puso de rodillas, la puso a orar, para pedir, precisamente, la venida del Espíritu Santo, que fue el que dio el banderazo a aquella Iglesia, pequeña, tímida, formada por hombres débiles, y todavía inexpertos en la tarea que les correspondía. Ella fue, por tanto, la pieza clave en la vida de aquellos primeros apóstoles. Y sigue siendo una pieza clave, insustituible, en la vida y en la tarea apostólica de los apóstoles de hoy: en ustedes y en mí.

Yo quisiera decirles a ustedes, y a mí mismo: el amor de Jesús al darnos a su madre ha sido demasiado grande. Cuántas veces le he dicho yo estas palabras: "una prueba impresionante de que nos has tomado en serio, como hermanos, es que nos has dado a tu madre, de verdad y para siempre." Si María es madre de Cristo, y es madre mía, Cristo y yo somos hermanos.

Jesucristo y ella se han tomado infinitamente en serio esta realidad. Cuando Jesús dijo a Juan, que nos representaba a todos: "He ahí a tu madre", hablaba infinitamente en serio. Era Dios, era Hombre, el Hijo del Hombre, que moría en una cruz, era parte principalísima de su testamento. De la misma forma, aquellas palabras: "He ahí a tu Hijo", a tus hijos, estaban dichas infinitamente en serio y María Santísima, al menos, las tomó así, infinitamente en serio. Por lo tanto, ella se ha tomado el ser madre nuestra con todo el amor, toda la fidelidad y toda la seriedad de que ella es capaz. Ojalá que también nosotros nos tomemos infinitamente en serio aquella otra expresión de Jesús: "He ahí a tu madre".

LECTURA BREVE Sb 15, 1. 3


LECTURA BREVE   Sb 15, 1. 3

Tú, Dios nuestro, eres bueno, leal y paciente, y con misericordia gobiernas todas las cosas. La perfecta justicia consiste en conocerte a ti, y reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.

domingo, 15 de octubre de 2017

Santo Evangelio 15 de octubre 2017



Día litúrgico: Domingo XXVIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. 

»Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. 

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. 

»Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».


«Id a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda»
P. Julio César RAMOS González SDB 
(Mendoza, Argentina)


Hoy, Jesús nos muestra al rey (el Padre), invitando —por medio de sus “siervos” (los profetas)—, al banquete de la alianza de su Hijo con la humanidad (la salvación). Primero lo hizo con Israel, «pero no quisieron venir» (Mt 22,3). Ante la negativa, no deja el Padre de insistir: «Mirad mi banquete está preparado, (...) y todo está a punto; venid a la boda» (Mt 22,4). Pero ese desaire, de escarnio y muerte de los siervos, suscita el envío de tropas, la muerte de aquellos homicidas y la quema de “su” ciudad (cf. Mt 22,6-7): Jerusalén.

Así es que, por otros “siervos” (apóstoles) —enviados a ir por «los cruces de los caminos» (Mt 22,9): «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas...», dirá más tarde el Señor Jesús en Mt 28,19— fuimos invitados nosotros, el resto de la humanidad, es decir, «todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales» (Mt 22,10): la Iglesia. Aún así, la cuestión, no es sólo estar en la sala de bodas por la invitación, sino que, tiene que ver también y mucho, con la dignidad con la que se está («traje de boda», cf. v. 12). San Jerónimo comentó al respecto: «Los vestidos de fiesta son los preceptos del Señor y las obras cumplidas según la Ley y el Evangelio que son las vestiduras del hombre nuevo». Es decir, las obras de la caridad con las que se debe acompañar a la fe. 

Conocemos que Madre Teresa, todas las noches, salía a las calles de Calcuta a recoger moribundos para darles, con amor, un buen morir: limpios, bien arropados y, si era posible, bautizados. Cierta vez comentó: «No tengo miedo de morir, porque cuando esté delante del Padre, habrá tantos pobres que le entregué con el traje de bodas que sabrán defenderme». ¡Bienaventurada ella! —Aprendamos la lección nosotros.

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Dios nos dice que todo está preparado



DIOS NOS DICE QUE TODO ESTÁ PREPARADO

Por Antonio García-Moreno

HACIA LA CUMBRE. Nuevamente Dios nos habla de cosas terrenas para hacernos entrever las que son propias del cielo. Palabra humana que contiene realidades divinas, en la medida en que esto es posible. Hoy nos habla la liturgia de un festín maravilloso en la cima del monte santo. La montaña sagrada, ese símbolo que los hombres de todos los tiempos han sabido vislumbrar, sintiendo que allá en la cima de un monte es más sensible la grandeza de Dios .Cuántos santuarios están clavados en las peñas más escarpadas. Como nidos de águilas, colgados entre el cielo y la tierra, allá por donde las nubes pasan. Como si en estas alturas la cercanía de Dios fuera mayor, como si entonces hubiéramos llegado a la antesala del cielo.

Levanta el vuelo de tu imaginación, asciende por las zigzagueantes sendas que conducen a la altura. Escala día a día las escarpadas rocas de todos los momentos. Asciende, asciende siempre. Aunque la fatiga te haga detener la marcha por unos momentos. Entonces descansa un poco y emprende luego la escalada, asciende hasta la cumbre. Allí te espera Dios.

Nuestro gran místico castellano habló extensamente sobre la subida al monte Carmelo. Vio en éste el lugar un símbolo del encuentro con Dios. Juan de la Cruz, hombre de tierra llana, hijo de la ancha Castilla, voló tan alto, tan alto que a la caza le dio alcance... Subir, subir cada día un poco. Eso ha de ser nuestra vida siempre. Y saber dar a cada jornada el color y la luz que para un alpinista tiene el trecho de escalada que ha de recorrer. Aire deportivo para todas nuestras horas. Sin miedo al viento frío de las cumbres, con el alma limpia como el aire de los altos picachos. La piel tostada y los músculos tensos, coronando al fin de cada día las etapas que nos hemos señalado.

Volar como las águilas, remontarnos por encima de las mil miserias de la vida. Dios nos llama a cosas mayores, quiere vernos despegados de la materia pesada que frena nuestro vuelo. Quiere que seamos libres, con las alas del espíritu siempre limpias, ágiles y prontas para remontar el más bello y alto vuelo.

LAS BODAS DEL REY. En un reino las bodas del rey son, sin duda, uno de los acontecimientos más festivos que pueden ocurrir. Por eso el Señor se vale de esta comparación, en más de una ocasión, para hacernos comprender de alguna manera las alegrías del Cielo. Alegría y abundancia de toda clase de bienes que se prolongan por muchos días. En el caso del Cielo por toda la eternidad. Estamos ante la promesa mayor que el Dios omnipotente nos hace, eso que colmará finalmente todos los deseos y anhelos del corazón humano. Es lo más que podemos decir de ese premio que el ojo no vio, ni el oído escuchó, ni el entendimiento humano puede imaginar.

Y este rey invita a unos y otros, nos llama a todos a participar de esa gran fiesta. Pero muchos rechazan su invitación, se justifican de mil maneras, no comprenden la grandeza del don que se les ofrece y lo cambian por unos placeres efímeros y vacíos. Luego se darán cuenta del mal negocio que han hecho, se lamentarán mirando sus manos vacías, cuando pudieron tenerlas llenas. No seamos sordos a la invitación divina, no dejemos pasar ocasión alguna de aceptar lo que nos ofrece. Aunque por ello tengamos que privarnos de otra cosa, estemos persuadidos de que al final siempre saldremos ganando.

Porque, además, el rechazo a esa invitación supone no sólo la privación de unos bienes excelentes, sino también el ser castigados con el padecimiento de unos males terribles. La parábola habla del incendio de sus ciudades. Luego se refiere también a las tinieblas exteriores, al llanto y al rechinar de dientes. Para siempre a oscuras, mientras que los de dentro, los que disfrutan del gran banquete del rey, gozan de la luz y la gloria. Ellos reirán y cantarán cerca del Rey de reyes, vivirán por siempre la paz que sólo Dios puede dar. Los otros, los que no aceptaron la invitación de bodas, llorarán a lágrima viva, con un gemir desconsolado, con una desesperación que no tiene otro consuelo que la rabia y el coraje contra uno mismo, el apretar con fuerza los dientes, hasta hacerlos rechinar.

El banquete real está todavía abierto para ti y para mí, para todo aquel que aún está vivo. Sí, mientras hay vida hay esperanza. Dios nos invita otra vez, nos dice que todo está preparado. Respondamos que sí, confesemos humildemente nuestros pecados, revistiéndonos con la gracia del perdón divino, entremos en la sala del banquete, probemos en la Eucaristía cuán dulce y suave es el Señor.

sábado, 14 de octubre de 2017

Santo Evangelio 14 de octubre 2017



Día litúrgico: Sábado XXVII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 11,27-28): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».


«¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!»
Rev. D. Jaume AYMAR i Ragolta 
(Badalona, Barcelona, España)


Hoy escuchamos la mejor de las alabanzas que Jesús podía hacer a su propia Madre: «Dichosos (...) los que oyen la Palabra de Dios y la guardan» (Lc 11,28). Con esta respuesta, Jesucristo no rechaza el apasionado elogio que aquella mujer sencilla dedicaba a su Madre, sino que lo acepta y va más allá, explicando que María Santísima es bienaventurada —¡sobre todo!— por el hecho de haber sido buena y fiel en el cumplimiento de la Palabra de Dios.

A veces me preguntan si los cristianos creemos en la predestinación, como creen otras religiones. ¡No!: los cristianos creemos que Dios nos tiene reservado un destino de felicidad. Dios quiere que seamos felices, afortunados, bienaventurados. Fijémonos cómo esta palabra se va repitiendo en las enseñanzas de Jesús: «Bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados...». «Bienaventurados los pobres, los compasivos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que creerán sin haber visto» (cf. Mt 5,3-12; Jn 20,29). Dios quiere nuestra felicidad, una felicidad que comienza ya en este mundo, aunque los caminos para llegar no sean ni la riqueza, ni el poder, ni el éxito fácil, ni la fama, sino el amor pobre y humilde de quien todo lo espera. ¡La alegría de creer! Aquella de la cual hablaba el converso Jacques Maritain.

Se trata de una felicidad que es todavía mayor que la alegría de vivir, porque creemos en una vida sin fin, eterna. María, la Madre de Jesús, no es solamente afortunada por haberlo traído al mundo, por haberlo amamantado y criado —como intuía aquella espontánea mujer del pueblo— sino, sobre todo, por haber sido oyente de la Palabra y por haberla puesto en práctica: por haber amado y por haberse dejado amar por su Hijo Jesús. Como escribía el poeta: «Poder decir “madre” y oírse decir “hijo mío” / es la suerte que nos envidiaba Dios». Que María, Madre del Amor Hermoso, ruegue por nosotros.

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Alabanza a la Madre de Dios


Alabanza a la Madre de Dios

Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Valladolid, España


8 de diciembre de 2002

Decimos que María es la Madre de Dios y lo decimos tranquilamente, con la misma naturalidad con que decimos la madre de Carlos o de Juan. Pero resulta que esa expresión está reclamando nuestro estupor, incluso cierta resistencia, cierto escándalo. Madre de Dios. Para hablar así nos colocamos en el límite del lenguaje y al borde mismo del absurdo: Dios, que es incapaz de hacer otro Dios, hizo lo más que podía hacer, una Madre de Dios, para que su Hijo fuera hombre. Y la preparó perfectamente bien, pues hizo a María Inmaculada.

María de Nazaret es la obra máxima de Dios, por encima de la tierra y los océanos, del sol y las estrellas, de los ángeles y los arcángeles. Es difícil imaginar semejante portento en medio de nuestras medianías. Hay que forzar la elasticidad del lenguaje: madre de Adán parece un imposible físico; madre de Dios parece un imposible metafísico.

Pero, ¡cuidado! Una vez aceptado el hecho de su maternidad divina, no debe olvidarse que María es estrictamente humana. La Liturgia ha acumulado todos los textos posibles al respecto: Flor de Israel, gloria de la humanidad, orgullo de nuestro pueblo, bendita entre las mujeres. Así que madre de Adán e hija suya; madre de Dios y esclava del Señor. Dos caras de una misma medalla. No podemos contemplar las dos al mismo tiempo, pero tampoco podemos decir nada sobre una de ellas sin tener presente la otra. Ambas se complementan mutuamente a la vez que se contraponen.

Madre nuestra y hermana nuestra. Y conviene seguir insistiendo: ella pertenece al género humano, es de nuestra familia, de nuestra casa, de nuestra misma sangre. En el Concilio, en su segunda sesión, llegó el momento de estudiar el tema mariano. Había una cuestión previa: qué sería mejor: dedicarle un documento especial o incluirlo en el documento general sobre la Iglesia. Fueron largas las discusiones, pero al final se impuso la última tendencia, y por ello, en el texto fundamental del Concilio, la Lumen Gentium, aparece un capítulo último dedicado a la Bienaventurada Virgen María. Es decir, María no habitó en una casa especial, se le reservó el piso principal de la casa común: Madre de la Iglesia y miembro de la misma.

De algún modo se optó por la paradoja como signo de indigencia, como imposibilidad de una síntesis satisfactoria en este mundo. En el otro mundo todo será perfecto. Por cierto, san Anselmo solía llamar a la Virgen “Cielo del cielo”. ¿Una expresión desmesurada? No, sino constatar algo elemental: que todas nuestras posibles alabanzas siempre se quedarán cortas. Sólo hay uno que puede alabar a María suficientemente, y es su propio Hijo; sólo Él es capaz de tratarla como es debido. La Eucaristía de la Inmaculada nos reunirá para poder con Cristo alabar a semejante Madre.


LECTURA BREVE Ga 5, 26; 6, 2


LECTURA BREVE   Ga 5, 26; 6, 2

No busquemos la vanagloria, provocándonos y teniéndonos envidia mutuamente. Ayudaos a llevar mutuamente vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo.

viernes, 13 de octubre de 2017

Santo Evangelio 13 de octubre 2017



Día litúrgico: Viernes XXVII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 11,15-26): En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. 

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

»Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio».


«Algunos dijeron: 'Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios'»
Rev. D. Josep PAUSAS i Mas 
(Sant Feliu de Llobregat, España)


Hoy contemplamos asombrados cómo Jesús es ridículamente “acusado” de expulsar demonios «por Beelzebul, Príncipe de los demonios» (Lc 11,15). Es difícil imaginar un bien más grande —echar, alejar de las almas al diablo, el instigador del mal— y, al mismo tiempo, escuchar la acusación más grave —hacerlo, precisamente, por el poder del propio diablo—. Es realmente una acusación gratuita, que manifiesta mucha ceguera y envidia por parte de los acusadores del Señor. También hoy día, sin darnos cuenta, eliminamos de raíz el derecho que tienen los otros a discrepar, a ser diferentes y tener sus propias posiciones contrarias e, incluso, opuestas a las nuestras.

Quien lo vive cerrado en un dogmatismo político, cultural o ideológico, fácilmente menosprecia al que discrepa, descalificando todo su proyecto y negándole competencia e, incluso, honestidad. Entonces, el adversario político o ideológico se convierte en enemigo personal. La confrontación degenera en insulto y agresividad. El clima de intolerancia y mutua exclusión violenta puede, entonces, conducirnos a la tentación de eliminar de alguna manera a quien se nos presenta como enemigo.

En este clima es fácil justificar cualquier atentado contra las personas, incluso, los asesinatos, si el muerto no es de los nuestros. ¡Cuántas personas sufren hoy con este ambiente de intolerancia y rechazo mutuo que frecuentemente se respira en las instituciones públicas, en los lugares de trabajo, en asambleas y confrontaciones políticas!

Entre todos hemos de crear unas condiciones y un clima de tolerancia, respeto mutuo y confrontación leal en el que sea posible ir encontrando caminos de diálogo. Y los cristianos, lejos de endurecer y sacralizar falsamente nuestras posiciones manipulando a Dios e identificándolo con nuestras propias posturas, hemos de seguir a este Jesús que —cuando sus discípulos pretendían que impidiera que otros expulsaran demonios en nombre de Él— los corrigió diciéndoles: «No se lo impidáis. Quien no está contra vosotros, está con vosotros» (Lc 9,50). Pues, «todo el coro innumerable de pastores se reduce al cuerpo de un solo Pastor» (San Agustín).

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Al pie de la Cruz, la fe de María alcanza su plenitud



Al pie de la Cruz, la fe de María alcanza su plenitud

Padre  Felipe Santos Campaña SDB


Esta bendición alcanza la plenitud de su sentido cuando María está al pie de la Cruz de su Hijo (Jn 19,25).

El Concilio declara que eso produjo no sin un designio divino: Sufriendo cruelmente con su Hijo único, asociada con su corazón materno a su sacrificio, dando a la inmolación de la víctima, nacida de su carne, el consentimiento de su amor, María guardó fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz: la unión por la fe, la fe misma con la que había acogido la revelación del ángel en el momento de la Anunciación.

A ella se le oyó entonces decir:
“Será grande...El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32-33).

Y ahora, al pie de la Cruz, María es testigo, humanamente hablando, de un total desmentido de estas palabras. Su Hijo agoniza en el leño como un condenado. “Objeto de desprecio, nadie le hacía caso, estaba destrozado (Is 53.3-5)

¡Qué grande es esta heroína de la obediencia de la fe de la que María da muestra frente a los decretos insondables de Dios!

Es, sin duda, la “kénosis” de la fe más profunda en la historia de la humanidad. Por la fe, la Madre participa en la muerte de su Hijo, por su muerte redentora; pero, a diferencia de la de los discípulos que huyeron, su fe era mucho más clara. 

Fuente: El universo de la Sagrada Familia 

LECTURA BREVE Rm 3, 21-22a


LECTURA BREVE   Rm 3, 21-22a

Ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, recibiendo testimonio de la ley y de los profetas; justicia de Dios por la fe en Jesucristo para todos los que creen en él.

jueves, 12 de octubre de 2017

Santo Evangelio 12 de octubre 2017


Día litúrgico: Jueves XXVII del tiempo ordinario

Santoral 12 de Octubre: Nuestra Señora del Pilar

Texto del Evangelio (Lc 11,5-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.

»Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».


«El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM 
(Barcelona, España)


Hoy, el Evangelio es una catequesis de Jesús sobre la oración. Afirma solemnemente que el Padre siempre la escucha: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Lc 11,9).

A veces podemos pensar que la práctica nos muestra que esto no siempre sucede, que no siempre “funciona” así. ¡Es que hay que rezar con las debidas actitudes!

La primera es la constancia, la perseverancia. Hemos de rezar sin desanimarnos nunca, aunque nos parezca que nuestra plegaria choca con un rechazo, o que no es escuchada enseguida. Es la actitud de aquel hombre inoportuno que a medianoche va a pedirle un favor a su amigo. Con su insistencia recibe los panes que necesita. Dios es el amigo que escucha desde dentro a quien es constante. Hemos de confiar en que terminará por darnos lo que pedimos, porque además de ser amigo, es Padre. 

La segunda actitud que Jesús nos enseña es la confianza y el amor de hijos. La paternidad de Dios supera inmensamente a la humana, que es limitada e imperfecta: «Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo...!» (Lc 11,13).

Tercera: hemos de pedir sobre todo el Espíritu Santo y no sólo cosas materiales. Jesús nos anima a pedirlo, asegurándonos que lo recibiremos: «...¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (Lc 11,13). Esta petición siempre es escuchada. Es tanto como pedir la gracia de la oración, ya que el Espíritu Santo es su fuente y origen.

El beato fray Gil de Asís, compañero de san Francisco, resume la idea de este Evangelio cuando dice: «Reza con fidelidad y devoción, porque una gracia que Dios no te ha dado una vez, te la puede dar en otra ocasión. De tu cuenta pon humildemente toda la mente en Dios, y Dios pondrá en ti su gracia, según le plazca».

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Historia de la Virgen del Pilar

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Historia de la Virgen del Pilar

La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio". 

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia 

en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza.  El mas antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.

Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".

Numerosos milagros de la Virgen

 En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: "creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Sta.y Purísima Virgen y Madre de Dios, Sta. María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros".

El Gran milagro del Cojo de Calanda (1640)  Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna.  Un día años mas tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio.  Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.

 El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico , se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.

Tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar y la distinguen de las otras:

1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones la Virgen viene cuando todavía vive en Palestina: ¨Con ninguna nación hizo cosa semejante", cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.

2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.

Simbolismo del pilar
El pilar o columna: la idea de la solidez del edificio-iglesia con la de la firmeza de la columna-confianza en la protección de María.

La columna es símbolo del conducto que une el cielo y la tierra, "manifestación de la potencia de Dios en el hombre y la potencia del hombre bajo la influencia de Dios". Es soporte de los sagrado, soporte de la vida cotidiana. María, la puerta del cielo, la escala de Jacob, ha sido la mujer escogida por Dios para venir a nuestro mundo. En ella la tierra y el cielo se han unido en Jesucristo.

 Las columnas garantizan la solidez del edificio, sea arquitectónico o social. Quebrantarlas es amenazar el edificio entero. La columna es la primera piedra del templo, que se desarrolla a su alrededor; es el eje de la construcción que liga entre si los diferentes niveles. María es también la primera piedra de la Iglesia, el templo de Dios; en torno a ella, lo mismo que los apóstoles reunidos el día de pentecostés, va creciendo el pueblo de Dios; la fe y la esperanza de la Virgen alientan a los cristianos en su esfuerzo por edificar el reino de Dios.

Vemos en Ex 13, 21-22, que una columna de fuego por la noche acompañaba al pueblo de Israel peregrino en el desierto, dirigiendo su itinerario.

En la Virgen del Pilar el pueblo ve simbolizada "la presencia de Dios, una presencia activa que, guía al pueblo de elegido a través de las emboscadas de la ruta".

LECTURA BREVE   Ef 2, 8-9

Estáis salvados por la gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Santo Evangelio 11 de octubre 2017


Día litúrgico: Miércoles XXVII del tiempo ordinario

Santoral 11 de Octubre: Santa Soledad Torres Acosta, religiosa
Texto del Evangelio (Lc 11,1-4): Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».


«Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos»
Fr. Austin Chukwuemeka IHEKWEME 
(Ikenanzizi, Nigeria)


Hoy vemos cómo uno de los discípulos le dice a Jesús: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos» (Lc 11,1). La respuesta de Jesús: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación» (Lc 11,2-4), puede ser resumida con una frase: la correcta disposición para la oración cristiana es la disposición de un niño delante de su padre.

Vemos enseguida que la oración, según Jesús, es un trato del tipo “padre-hijo”. Es decir, es un asunto familiar basado en una relación de familiaridad y amor. La imagen de Dios como padre nos habla de una relación basada en el afecto y en la intimidad, y no de poder y autoridad.

Rezar como cristianos supone ponernos en una situación donde vemos a Dios como padre y le hablamos como sus hijos: «Me has escrito: ‘Orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?’. —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: ¡tratarse!’» (San Josemaría).

Cuando los hijos hablan con sus padres se fijan en una cosa: transmitir en palabras y lenguaje corporal lo que sienten en el corazón. Llegamos a ser mejores mujeres y hombres de oración cuando nuestro trato con Dios se hace más íntimo, como el de un padre con su hijo. De eso nos dejó ejemplo Jesús mismo. Él es el camino.

Y, si acudes a la Virgen, maestra de oración, ¡qué fácil te será! De hecho, «la contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial (...). Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo» (Juan Pablo II).

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Agradecimiento a María



Agradecimiento a María

Padre Tomás Rodríguez Carbajo

  
Todas las virtudes humanas y cristianas que aparecen en el Evangelio tienen no sólo su representación, sino su cultivo en la vida de María. La persona agradecida reconoce el beneficio recibido no como paga o recompensa, sino como gracia.

El agradecimiento se cultiva en el interior de las personas de espíritu noble, siendo al mismo tiempo personas sencillas, humildes, virtudes todas ellas que a quien las posee le dan una paz y tranquilidad grandes, y  a los que con ella conviven una gozosa felicidad.

María supo reconocer cómo su grandeza, la de ser Madre de  Jesús, el Mesías esperado, no era fruto de una conquista, o premio de un esfuerzo, sino para gratuidad por parte de Dios, por eso se lo agradece públicamente en el canto del Magníficat. Lo que María había puesto de su parte era una gran dosis de humildad, por eso Dios la eligió, porque así aparece con más resplandor la acción poderosa de Dios, ya que lo que el hombre tiene que hacer es no estorbar la acción divina y esto se consigue en las personas humildes, ellas así lo reconocen.

María no sólo supo y quiso agradecer los privilegios con que Dios la adornó, sino que también quiso agradecer lo que el Salvador venía a hacer a favor de todas las personas; reconoce el cumplimiento de sus promesas hechas durante tantos siglos, pues, conoce Ella que la fidelidad le es esencial a Dios.

De esta manera como persona redimida quiere presentarle su agradecimiento al esperado Mesías, de cuya venida Ella iba a ser la primera beneficiada con la única redención preventiva y como consecuencia quería ser la primera agradecida.


LECTURA BREVE 1Co 13, 8-9, 13


LECTURA BREVE   1Co 13, 8-9, 13

El amor no pasa nunca. El don de predicar se acabará. El don de lenguas enmudecerá. El saber se acabará. Mi conocer es por ahora inmaduro; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: éstas tres. La más grande es el amor.

martes, 10 de octubre de 2017

Santo Evangelio 10 de octubre 2017


Día litúrgico: Martes XXVII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».


«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola»
Rev. D. Josep RIBOT i Margarit 
(Tarragona, España)


Hoy, como cada día, puedes aprender del Evangelio. Jesús, invitado en el hogar de Betania, nos da una lección de humanidad: Él, que quería a la gente, se deja querer, porque las dos cosas son importantes. Rechazar las muestras de afecto, de Dios y de los demás, sería un grave error, de consecuencias nefastas para la santidad.

¿Marta o María? Pero..., ¿por qué enfrentar a quienes tanto se querían, y querían tanto a Dios? Jesús amaba a Marta y María, y a su hermano Lázaro, y nos ama a cada uno de nosotros.

En el camino de la santidad no hay dos almas iguales. Todos procuramos amar a Dios, pero con estilo y personalidad propios, sin imitar a nadie. Nuestro modelo está en Cristo y la Virgen. ¿Te molesta la manera de tratar a Dios de otros? Intenta aprender de su piedad personal.

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude» (Lc 10,40). Servir a los demás, por amor a Dios, es un honor, no una carga. ¿Servimos con alegría, como la Virgen a su prima santa Isabel o en las bodas de Caná, o como Jesús, en el lavatorio de los pies en la Última Cena?

«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola» (Lc 10,41-42). No perdamos la paz, ni el buen humor. Y para eso, cuidemos la presencia de Dios. «Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir (…); o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca» (San Josemaría).

«María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada» (Lc 10,42). Dios nos quiere felices. Que nuestra Madre del Cielo nos ayude a experimentar la alegría de la entrega.

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Agradecer a María



Agradecer a María

Jorge Enrique Mújica, LC


“Todavía existen quienes minusvaloran el papel y el genio de la mujer en la sociedad. Sí , desgraciadamente los hay; aun entre creyentes se dan casos. Pero no es exclusivo de varones, incluso entre las mismas mujeres se desestiman unas con otras. Y sin embargo el ser humano más perfecto, pleno de gracia y lleno de vida; la criatura más libre y liberada, la más valiente y generosa, la más noble, obediente, sencilla, serena, entera, amorosa, incansable… es precisamente una mujer.

Ahora que muchos se afanan en hacer ver la maternidad como una carga; hoy que tantos denigran la belleza del ejercer como ama de casa; en un presente en que se afrenta y minusvalora por aquí y por allá el derecho a una vida dedicada a los hijos, a la fidelidad matrimonial y a la donación magnánima en la vida consagrada; en una actualidad en que voces se desfogan contra la Iglesia, cómo no elevar la mirada a esa mujer perfecta digna de la más noble alabanza; cómo no rendirle un himno de gratitud por ser quien es… Hace unos días –justo a inicios del mes dedicado a ella– un muy buen amigo me mostró una poesía hecha oración del Padre José Luís Martín Descalzo. Por su belleza la trascribo para que me digáis si no expresa lo que todo buen hijo debe agradecer a la Santísima Virgen :

“Te doy gracias, María, por ser una mujer.
Gracias por haber sido mujer como mi madre
y por haberlo sido en un tiempo en el que
ser mujer era como no ser nada.
Gracias porque cuando todos te consideraban
una mujer de nada
tú fuiste todo,
todo lo que un ser humano puede ser y mucho más,
la plenitud del hombre, una vida completa.
Gracias por haber sido una mujer libre y liberada,
la mujer más libre y liberada de la historia,
la única mujer liberada y libre de la historia,
porque tú fuiste la única no atada al pecado,
la única no uncida a la vulgaridad,
la única que nunca fue mediocre,
la única verdaderamente llena de gracia y de vida.
Te doy gracias porque estuviste llena de gracia
porque estabas precisamente llena de vida;
porque estuviste llena de vida
porque te habían verdaderamente llenado de gracia.
Te doy gracias porque supiste encontrar la libertad
siendo esclava,
aceptando la única esclavitud que libera,
la esclavitud de Dios,
y nunca te enzarzaste en todas las otras esclavitudes
que a nosotros nos atan.
Te doy gracias porque te atreviste a tomar
la vida con las dos manos.
Porque al llegar el ángel,
te atreviste a preferir tu misión a tu comodidad,
porque aceptaste tu misión sabiendo que era cuesta arriba,
en una cuesta arriba que acababa en un Calvario.
Gracias porque fuiste valiente,
gracias por no tener miedo,
gracias por fiarte del Dios que te estaba llenando,
del Dios que venía, no a quitarte nada,
sino a hacerte más mujer.
Gracias por tu libertad de palabra cuando hablaste a Isabel.
Gracias por atreverte a decir que Dios
derribaría a los poderosos,
sin preocuparte por lo que pensaría Herodes.
Gracias por haber sabido que eras pobre
y que Dios te había elegido precisamente por ser pobre.
Gracias porque supiste hablar de los ricos
sin rencor, pero poniéndolos en su sitio.
Gracias porque supiste ser la más maternal de las vírgenes,
la más virginal de las madres.
Gracias porque entendiste la maternidad
como un servicio a la vida ¡y que Vida!
Gracias porque entendiste la virginidad
como una entrega ¡y qué entrega!
Gracias por ser alegre en un tiempo de tristes,
por ser valiente en un tiempo de cobardes.
Gracias por atreverte a ir embaraza hasta Belén,
gracias por dar a luz donde cualquier otra mujer
se hubiera avergonzado.
Gracias por haber ser luego una mujer de pueblo,
por no haber necesitado ni ángeles, ni criadas
que te amasaran el pan y te hicieran la comida,
gracias por haber sabido vivir sin milagros ni prodigios
gracias por haber sabido que estar llena
no era de estarlo de títulos y honores, sino de amor.
Gracias por haber aceptado el exilio,
por asumir serena la muerte del esposo querido.
gracias por haber respetado la vocación de tu Hijo
cuando se fue hacia su locura,
por no haberle dado consejitos prudentes,
gracias por haberle dejado crecer y por
sentirte orgullosa de que Él te superase.
gracias por haber sabido quedarte en silencio
y en la sombra durante su misión,
pero sosteniendo de lejos
el grupo de mujeres que seguían a tu Hijo.
gracias por haber subido al Calvario
cuando pudiste quedarte alejada del llanto,
por aguantar al lado del sufriente.
Gracias por aceptar la soledad de los años vacíos.
Gracias por haber sido la mujer más entera
que ha existido nunca
y gracias, sobre todo, por haber sido
la única mujer de toda la historia que
volvió entera a los brazos de Dios.
Gracias por seguir siendo madre y mujer en el cielo,
por no cansarte de amamantar a tus hijos de ahora.
gracias por no haber reclamado nunca con palabras vacías
tu derecho de mujer en la Iglesia,
pero al mismo tiempo haber sido de hecho
el miembro más eminente de la Iglesia,
la primera redimida,
por ser entre los hombres y mujeres todos de la tierra
la que más se ha parecido a tu Hijo,
la que más cerca ha estado y está aún de Dios”.


En María hallamos un programa de vida que podemos, que debemos imitar, revalorar y agradecer; en ella vemos la grandeza del ser mujer, del ser madre, del ser amiga, compañera, maestra, esposa, creyente… Sólo los que han llegado a hacer la experiencia de María son capaces de ver de otro modo a las demás mujeres y pronunciar un: “Doy gracias a Dios porque he podido experimentar en profundidad lo que significa la bondad materna, siempre abierta a quien busca refugio y precisamente así capaz de darme la libertad”, como el que dijo el Papa ahora que cumplió sus 80 años.

Fuente:  cofradiarosario.net. Boletín Nº 46. Mayo 2007