jueves, 5 de enero de 2017

Devoción de las tres Ave Marías



Preocupada la religiosa benedictina que luego fue Santa Matilde
 por el buen fin de su vida, rogó insistentemente a la Virgen Santísima
 "que la asistiera a la hora de la muerte";
 y acogiendo benignamente su súplica, la Madre de Dios
 se manifestó a la implorante, diciéndole:

"Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente
 tres Avemarías, conmemorando, 
en la primera, el Poder recibido del Padre Eterno;
 en la segunda, la Sabiduría con que me adornó el Hijo;
 y, en la tercera, el Amor de que me colmó el Espíritu Santo".

Y esta promesa se extendió en beneficio de todos cuantos ponen
 en práctica ese rezo diario de las tres Avemarías.
La practica de esta devoción no puede ser ni más fácil, ni más breve.
 Fácil es, porque se concreta a rezar todos los días
 tres Avemarías agradeciendo a la Santísima Trinidad 
 los dones de Poder, Sabiduría y Amor que otorgó
 a la Virgen Inmaculada, e instando a María
 a que use de ellos en auxilio nuestro.

Modo de practicar esta devoción:
Todos los días, rezar lo siguiente:


 ¡María, Madre mía; líbrame de caer en pecado mortal!

 1- Por el Poder que te concedió el Padre Eterno.

 Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

 2- Por la Sabiduría que te concedió el Hijo.

 Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

 3- Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo.

 Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Se finaliza rezando un Gloria ....

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
 y por los siglos de los siglos. Amén.


Fue la misma Santísima Virgen la que dijo a Santa Gertrudis que

"quien la venerase en su relación con la Beatísima Trinidad,
 experimentaría el poder que le ha comunicado la
 Omnipotencia del Padre como Madre de Dios;
 admiraría los ingeniosos medios que le inspira
 la sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres,
 y contemplaría la ardiente caridad encendida
 en su corazón por el Espíritu Santo".

Refiriéndose a todo aquel que la haya invocado diariamente
 conmemorando el poder, la sabiduría y el amor que le fueron
 comunicados por la Augusta Trinidad, dijo María
 a Santa Gertrudis que,
 "a la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo
 de una belleza tan grande, que mi vista le consolará
 y le comunicará las alegrías celestiales".

María renueva su promesa de protección:

Cuando Sor María Villani, religiosa dominica (siglo XVI),
 rezaba un día las tres Avemarías,
 oyó de labios de la Virgen estas estimulantes palabras:

"No sólo alcanzarás las gracias que me pides,
 sino que en la vida y en la muerte prometo
 ser especial protectora tuya y de cuantos como tú

 PRACTIQUEN ESTA DEVOCIÓN"

También dijo la Santísima Virgen:

 “La devoción de las tres Avemarías 
 siempre me fue muy grata...
 No dejéis de rezarlas y de hacerlas rezar cuanto podáis.
 Cada día tendréis pruebas de su eficacia...”

Fuente:  http://www.santisimavirgen.com.ar/tres_avemarias.htm






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