martes, 24 de enero de 2017

Santo Evangelio 24 de Enero 2017


Día litúrgico: Martes III del tiempo ordinario

Santoral 24 de Enero: San Francisco de Sales, obispo

Texto del Evangelio (Mc 3,31-35): En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».


«Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre»
Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera 
(Ripollet, Barcelona, España)


Hoy contemplamos a Jesús —en una escena muy concreta y, a la vez, comprometedora— rodeado por una multitud de gente del pueblo. Los familiares más próximos de Jesús han llegado desde Nazaret a Cafarnaum. Pero en vista de la cantidad de gente, permanecen fuera y lo mandan llamar. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan» (Mc 3,31).

En la respuesta de Jesús, como veremos, no hay ningún motivo de rechazo hacia sus familiares. Jesús se había alejado de ellos para seguir la llamada divina y muestra ahora que también internamente ha renunciado a ellos: no por frialdad de sentimientos o por menosprecio de los vínculos familiares, sino porque pertenece completamente a Dios Padre. Jesucristo ha realizado personalmente en Él mismo aquello que justamente pide a sus discípulos.

En lugar de su familia de la tierra, Jesús ha escogido una familia espiritual. Echa una mirada sobre los hombres sentados a su alrededor y les dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,34-35). San Marcos, en otros lugares de su Evangelio, refiere otras de esas miradas de Jesús a su alrededor.

¿Es que Jesús nos quiere decir que sólo son sus parientes los que escuchan con atención su palabra? ¡No! No son sus parientes aquellos que escuchan su palabra, sino aquellos que escuchan y cumplen la voluntad de Dios: éstos son su hermano, su hermana, su madre.

Lo que Jesús hace es una exhortación a aquellos que se encuentran allí sentados —y a todos— a entrar en comunión con Él mediante el cumplimiento de la voluntad divina. Pero, a la vez, vemos en sus palabras una alabanza a su madre, María, la siempre bienaventurada por haber creído.

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LECTURA BREVE St 2, 12-13



LECTURA BREVE   St 2, 12-13

Hablad y actuad como quienes han de ser juzgados por una ley de libertad. Pues habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó misericordia; pero la misericordia triunfa sobre el juicio.

¿Qué significa el nombre María?



¿Qué significa el nombre María?

Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María

Por: María Lourdes Quinn | Fuente: Catholic.net 


El Dulce Nombre de la Ssma. Virgen María es un “nombre cargado de divinas dulzuras” nos dice S. Alfonso María de Ligorio, mientras que S. Ambrosio lo describe como un “ungüento perfumado con aroma de gracia divina”, y propone el significado “Dios es de mi linaje” (Inst. Virg., Cap. 5) para el nombre de la Madre de Dios.

Pero, otros santos eruditos opinan que “María” tiene otros significados. ¿Quién tiene razón? ¿Qué significa el Dulce Nombre de “María”?


I) Significado del Nombre “María”

Según la “Enciclopedia Católica”: “La etimología del nombre Miriam (MRYM) es extremadamente dudosa” y ha tomado desde el significado de “rebelión” [tras las acciones de Miriam, la hermana de Moisés y Aarón en el antiguo testamento], hasta el de “obesa” (lo equivalente a “bella” en esos tiempos). También hay quienes consideran la influencia egipcia en el significado “amada del Señor” (“Mari-Yam”).



Pero, lo más probable, y el significado más apoyado por los Padres de la Iglesia es el significado arameo y hebreo de “Miriam” or “Mariam”: “Señora” o “Soberana”, significado que los egipcios conocían en forma masculina e incluyeron en papiros (según se explica al final de esta fuente).

Así piensa S. Pedro Crisólogo: “El nombre hebreo de María se traduce por ‘Domina’ en latín; el Ángel le da, por tanto, el título de ‘Señora’. (Sermón sobre la Anunciación de la B. Virgen María, 142) Sto. Tomás concuerda, y asegura que a la Ssma. Virgen: “le es muy propio el nombre de María, que en siríaco quiere decir ‘Señora’” (“Sobre el Avemaría, 1.c., p. 183), aunque en la misma obra también dice que “quiere decir ‘iluminada’” (p. 182) y que “significa ‘estrella del mar’; como la estrella del mar orienta a puerto a los navegantes, María dirige a los cristianos a la gloria” (p. 185).

S. Beda explica la diferencia así: “La palabra María significa en hebreo estrella del mar, y en siríaco Señora. Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz perenne de los siglos” (en “Catena Aurea”, vol. V, p. 36). S. Jerónimo sugiere que “maor” (estrella) con “yam” (mar) forma “estrella del mar”, traducción que acepta S. Bernardo (“Homilía sobre la Virgen Madre”, 2) Se parece el significado: “el Señor ilumina” o “luz del Señor”, derivado de “Me’ir” (“el que ilumina” y “yam” (como abreviación de “Yahve”), según esta página. Otras posibilidades de combinaciones etimológicas hebreas que se han sugerido para formar el sonido “miriam” incluyen: “marar” (amargura o fortaleza) y “yam” (mar) para formar “mar de amargura” o “mar de fortaleza”, significados que también serían apropiados para la Ssma. Virgen María, que como Madre Dolorosa encarnó ambos significados al pie de la Cruz.


II) Poder del Dulce Nombre de María

La que fue Inmaculada desde su Concepción, sufrió como ninguna los dolores de Su Hijo Jesucristo, Ntro. Redentor. Si en el Evangelio del XXIV Domingo de Tiempo Ordinario : “El señor tuvo lástima” (Mt. 18, 27) de un miserable siervo deudor cuando le pidió clemencia, ¡cuánto más escucharía nuestro Señor las súplicas de Su Ssma. Madre por los que la invocan por su nombre! En efecto, S. Alfonso María de Ligorio nos recuerda en “Las glorias de María” (Parte I, Cap. X):

”Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María, como lo dio a entender a Sta. Brígida hablando con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cual conviene, la fortaleza para alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no puedo negarte lo que me pides. En suma, llega a decir S. Efrén, que el nombre de María es la llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción. Por eso tiene razón san Buenaventura al llamar a María “salvación de todos los que la invocan”, como si fuera lo mismo invocar el nombre de María que obtener la salvación eterna.” (5)

Vela, pues, por sus hijos espirituales la que es “bella” sin igual al ser llena de gracia y “amada del Señor” por haberle sido siempre fiel, hasta en un “mar de amargura”. A esta “estrella del mar” y “mar de fortaleza” se dirigen los que se ven necesitados para ser socorridos enseguida.

S. Alfonso María de Ligorio recomienda que se pronuncie con frecuencia los nombres de Jesús y María, sobre todo en cualquier peligro. Cita a S. Pedro Crisólogo diciendo “que el nombre de María es indicio de castidad” y muy eficaz en tentaciones contra la pureza. S. Alfonso María de Ligorio también asegura que repetir esos santos nombres es muy eficaz en la hora de la muerte, como demostró S. Camilo de Lelis al final de su vida. ¿Por qué es tan poderoso el nombre de “María”? Nos dice S. Alfonso:

“…los demonios, afirma Tomás de Kempis, temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara. La misma Virgen reveló a santa Brígida, que no hay pecador tan frío en el divino amor, que invocando su santo nombre con propósito de convertirse, no consiga que el demonio se aleje de él al instante. Y otra vez le declaró que todos los demonios sienten tal respeto y pavor a su nombre que en cuanto lo oyen pronunciar al punto sueltan al alma que tenían aprisionada entre sus garras. Y así como se alejan de los pecadores los ángeles rebeldes al oír invocar el nombre de María, lo mismo –dijo la Señora a santa Brígida– acuden numerosos los ángeles buenos a las almas justas que devotamente la invocan. Atestigua san Germán que como el respirar es señal de vida, así invocar con frecuencia el nombre de María es señal o de que se vive en gracia de Dios o de que pronto se conseguirá; porque este nombre poderoso tiene fuerza para conseguir la vida de la gracia a quien devotamente lo invoca. (“Las glorias de María”, Parte I, Cap. X, 4)

Recemos, pues, con S. Alfonso esta oración de S. Bernardo: “¡Oh excelsa, oh piadosa, oh digna de toda alabanza Santísima Virgen María, tu nombre es tan dulce y amable, que no se puede nombrar sin que el que lo nombra no se inflame de amor a ti y a Dios; y sólo con pensar en él, los que te aman se sienten más consolados y más inflamados en ansias de amarte!”. (“Las glorias de María”, Parte I, Cap. X, 3)

En la sinagoga de Nazaret



En la sinagoga de Nazaret

Las enseñanzas de Jesús

En la sinagoga de Nazaret. Muchos lo admiraron, otros no lo aceptan.Tiempo de gracia y misericordia.


Por: P. Enrique Cases | Fuente: Catholic.net 


Tras los sucesos de Jerusalén y la primera predicación en Judea, Jesús vuelve a Galilea situando Cafarnaúm, a orillas del Lago Genesaret, será el centro de una intensa acción para dar a conocer el evangelio del Reino, todo ello acompañado de múltiples milagros. "Cuando vino a Galilea, le recibieron los galileos porque habían visto todo cuanto hizo durante la fiesta en Jerusalén, pues también ellos habían ido a la fiesta" (Jn)

Todos acuden a la sinagoga
Antes de predicar en las diversas poblaciones galileas, acude a Nazaret, en donde ha vivido unos treinta años, -toda una vida de trabajo-, sin ningún signo externo que pudiese dejar entrever ni su misión, ni su personalidad. Muchos del pueblo han presenciado los sucesos de Jerusalén, y también han llegado ecos de algunas de las curaciones realizadas, junto a la predicación del esperado Reino de Dios. La expectación, curiosidad y recelo, eran, pues, grandes; todos quieren saber directamente qué pasa, y oírselo decir a Él mismo, su paisano, su pariente. Y acuden todos a la sinagoga.
Jesús "llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado, y se levantó a leer. Entonces le entregaron el libro del Profeta Isaías, y abriendo el libro dio con el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para promulgar el año de gracia del Señor. Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro, y se sentó. Todos en la sinagoga tenían fijos los ojos en Él"(Lc).

Gran conmoción
El silencio, la atención y los pensamientos –incluso- de los que estaban allí eran intensos. Los de más edad le habían visto durante treinta años como uno más junto a sus hijos; nada extraordinario había hecho, ni siquiera había asistido a las escuelas rabínicas más importantes; era un artesano como los demás; era el hijo de José, que había muerto hacia poco tiempo y su madre, María, estaba viviendo en el pueblo. Sus parientes tendrían, si cabe, una sorpresa mayor que los demás, porque le conocían más. Sabían lo bueno que era, pero nunca les había manifestado nada respecto a su mesianidad; ni siquiera algunas tendencias proféticas; era tan normal como ellos. Entonces Jesús empieza a hablar y sus palabras les llenaron de estupor: "Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oir" (Lc). La conmoción fue grande; era cierto lo que se decía de él, no eran sólo habladurías; este Jesús, tan conocido, se declara el Ungido de Dios, el Cristo, el Mesías anunciado por los profetas. Y dice que con Él, hoy mismo, comienza el año de gracia profetizado por Isaías. Quienes le escuchan no se pueden quedar indiferentes, tienen que decir si le aceptan o le rechazan. El estupor se hace general.

Muchos lo admiraron, otros no lo aceptan
La sorpresa de los presentes la narran los evangelistas con expresiones encontradas. No hay una reacción unánime, como, de hecho nunca la habrá en torno a Jesús. De entrada "todos daban testimonio en favor de Él, y se admiraban de las palabras de gracia que procedían de su boca"(Lc) y "quedaron llenos de admiración". Pero enseguida aparecen reacciones opuestas: muchos no aceptan sin más el testimonio que da de sí mismo piensan que le conocen y no entienden de donde le venía aquel modo sabio de hablar: "¿De dónde le viene a éste esta sabiduría y los milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre, y sus parientes Santiago, José, Simón y Judas? Y sus parientes no están todas entre nosotros? Pues ¿de dónde le viene esto?"(Mt y Mc).

El pueblo se divide
Lo más lógico es que, si no encontraban una explicación natural a su sabiduría ni a sus milagros, existiese una explicación sobrenatural; pero no les resulta fácil creer que uno de los suyos fuese el Mesías. Y se dividieron entre ellos. La mayoría "se escandalizaba de Él"; otros le pedían milagros, con incredulidad. Algunos -como Santiago y Judas Tadeo- creyeron en Él y se contarán entre sus Apóstoles; también la madre de estos dos apóstoles cree y estará con las santas mujeres al pie de la cruz. Pero una fuerte mayoría se enfureció contra Jesús "lo arrojaron de la ciudad, y lo llevaron a la cumbre de la montaña sobre la que estaba edificada para despeñarle. Pero Él pasando por medio de ellos, seguía su camino"(Lc). Es la primera reacción en contra de una cierta consideración, y sus frutos serán amargos pues "no podía hacer allí ningún milagro, sino que impuso las manos a unos pocos enfermos y los curó" (Mc).

Jesús "se maravillaba de su incredulidad". Una frase del Señor ha pasado a ser una sentencia de valor universal y la refleja: "Un profeta sólo es menospreciado en su patria, entre sus parientes y familia"(Mt, Mc, Lc).

La escena de Nazaret es fuerte. Los amigos del Señor, la mayoría de los que han convivido con él y sus parientes no le comprenden, e incluso le expulsan de la ciudad hasta el punto de que algunos exaltados quieren matarle. La conducta de los nazarenos manifiesta algo común a todo hombre: resulta difícil superar los esquemas humanos acostumbrados. Los nazarenos y los parientes de Jesús no se sienten con fuerzas para dar el salto de fe necesario para creer que uno de ellos es el Mesías. Es lógico que Jesús sienta un dolor considerable al ver tan poco amor en aquellos a los que quiere de una manera especial. María Santísima también sufriría intensamente; Ella tuvo que permanecer allí cuando se marcha Jesús y recibiría las recriminaciones de los que no entienden a su Hijo.

Tiempo de gracia y misericordia
Y Jesús marcha de Nazaret con el anuncio del año de gracia concedido a los hombres. Ciertamente, todo el tiempo que vive Jesús va a ser un tiempo de gracia. Será un año de misericordia para todos los que acepten la predicación que se va a realizar de un modo activísimo en todo Israel, primero en Galilea, pero también en Judea, Samaría y territorios limítrofes.

María, vive la fe y la caridad



Al contemplarla, la Iglesia distingue en ella los rasgos de su propia fisonomía: María vive la fe y la caridad; María es una criatura salvada ella también por el único Salvador; María colabora en la iniciativa de salvación de toda la Humanidad (Homilía, 31 de diciembre 2007). 

Benedicto XVI