jueves, 27 de julio de 2017

Buscas a Cristo y encuentras a María


Buscas a Cristo y encuentras a María

Padre Tomás Rodríguez Carbajo  

 1.- No podemos separar a Cristo de María.

Al pensar en Cristo, inmediatamente nos viene a la mente la condición humana y divina del Hijo de Dios, que vino a salvarnos.
Partimos de la realidad, tenemos a Cristo, porque nació de María.
La historia nos confirma que cuando se ha querido precisar la naturaleza de Cristo: Una sola persona y dos naturalezas (verdadero Dios y verdadero hombre), llegamos a la conclusión que es así, porque María es verdadera Madre de Jesús, y por lo tanto Madre de Dios, Ella prestó lo que cualquier madre presta a su hijo para ser llamada verdaderamente madre.

La condición inseparable de Cristo y María nos lleva a que, cuando nos acercamos a uno de los dos, necesariamente llegamos al otro. Es verdad que con distinción de importancia, pues, Cristo es Dios y hombre; María es criatura privilegiada, pero nunca es diosa, ni de naturaleza divina; le llamamos Madre de Dios, porque su Hijo, verdadero Dios, tomó en su seno la naturaleza humana, sin dejar la divina, que tenía por ser la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Quien ama a Dios, tiene que amar lo que Dios ama, y de manera especial ama entre todas las criaturas a su Madre, por eso no ama realmente a Cristo, quien deja de lado a María. Los encontramos juntos en varios episodios evangélicos, iban buscando a Jesús y se encontraron con María, quien fue la encargada de mostrárselo, por ejemplo, si leemos a S. Lucas 2, 15 -16: "Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado. Y fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre". Podemos leer también la adoración de los Magos, que nos narra San Mateo, 2, 11: "Entraron en la casa, vieron al Niño con su Madre María y, postrándose, le adoraron "

Todo hijo se encuentra orgulloso de su madre, Cristo no se avergüenza de Ella, no ha querido servirse de Ella solo para entrar en este mundo, sino que la tiene muy cerca de Sí, pues, es su colaboradora, nunca "suplente" de Jesús, por eso siempre que nos acercamos a El, nunca deja de presentarnos a su Madre.

2.- El mariano tiene que ser cristiano.

Si nos acercamos a María, Ella nos lleva a su Hijo, pues, tiene claro su misión de intercesora y medianera. Sabe que es el medio que Dios ha elegido para que nos acercásemos a El. Quien se cree devoto de María, lo será realmente, si su devoción es "santa", es decir, si de verdad ama a Cristo, pues, María no es ninguna gatera, que tenemos para salvarnos, sino que es la "Puerta del Cielo". ¿Cómo se entendería el amar a la Madre sin amar al Hijo?.
"El fin de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre", nos dice S. Luis M Grignión de Montfort en su libro "Tratado de la verdadera devoción".

La íntima unión de Jesús y María la encontramos expresada en los siguientes asertos:
. Con María busco a Jesús.
. Por María llego a Jesús.
. A Jesús por María.
. Todo a María para Jesús.

. El amor ardiente a María llega siempre a Jesús.
. A María no se le puede separar de Jesús.
. Junto a la cruz de Jesús encontramos a María.
. Jesucristo es el último fin de la devoción mariana.
. María nunca puede ser "suplente" de Jesús, sino la colaboradora.
. María no es la fuente de la gracia, sino el canal por el que llega.
. María no nos salva, sino que nos presenta a Cristo, el Mesías, el Salvador.

. Todo el interés de María es llevarnos a Cristo.

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